31 octubre 2026

 

El dilema de las pensiones: ¿Qué supone el modelo mixto de Vox para la clase trabajadora?

El debate sobre el futuro de las pensiones se ha instalado en el centro de la agenda política y económica. Frente al sistema público de reparto actual —donde las cotizaciones de los trabajadores activos financian directamente las prestaciones de los jubilados—, Vox ha planteado una reforma estructural: la transición hacia un modelo mixto de pensiones que combine una base pública con fondos de capitalización individual, inspirándose en modelos como el sueco o el chileno.

A primera vista, la propuesta se presenta bajo la promesa de garantizar las pensiones públicas «al precio que sea y como sea» y de liberar de impuestos el ahorro privado destinado a la jubilación. Sin embargo, un análisis riguroso de las medidas y de sus implicaciones económicas revela importantes desigualdades en cómo afectaría este cambio a los distintos tramos salariales de la sociedad española.


1. ¿En qué consiste la propuesta de Vox para las pensiones?

La estrategia económica de la formación de Santiago Abascal se articula en torno a tres ejes fundamentales en materia de jubilación:

  • Sistema mixto y capitalización: Convertir paulatinamente el sistema exclusivo de reparto en un modelo donde una parte de las aportaciones se derive a cuentas individuales de ahorro o fondos de capitalización, gestionados con criterios de rentabilidad.
  • Exención fiscal total al ahorro para la jubilación: Eliminar por completo el IRPF para todo el dinero que los ciudadanos destinen de manera privada a su plan de pensiones, sin límite cuantitativo.
  • Financiación mediante el receso del «gasto político»: Asegurar el sostén del pilar público de subsistencia mediante la supresión del Estado autonómico, la eliminación de subvenciones a partidos políticos, sindicatos y patronales, y el fomento de la natalidad como solución demográfica a largo plazo.

2. La brecha del ahorro: ¿Quién puede capitalizar su jubilación?

El impacto real de pasar de un sistema solidario de reparto a uno de capitalización individual depende de la capacidad económica de cada trabajador. Es aquí donde la propuesta genera una marcada brecha social:

Las rentas altas y medias-altas

Para los profesionales y asalariados con sueldos elevados (por encima de los 40.000 o 70.000 euros anuales), la exención fiscal del ahorro para la jubilación representa un incentivo financiero sustancial. Al disponer de margen mensual para derivar recursos a fondos privados, estos perfiles pueden acumular un patrimonio considerable para su retiro mientras reducen significativamente su factura fiscal en el IRPF.

Los trabajadores con el Salario Mínimo y rentas bajas

Para casi un cuarto de los asalariados españoles que perciben el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) o ingresos inferiores a los 17.000-22.000 euros al año, la realidad es diametralmente opuesta. Con salarios absorbidos casi en su totalidad por los costes de la vivienda, la cesta de la compra y los suministros básicos, la capacidad de ahorro es prácticamente nula.

Además, al estar ya exentos de IRPF en el sistema actual o soportar tipos mínimos, la desgravación propuesta por Vox no les genera ninguna liquidez adicional en la nómina. Para este colectivo, el plan privado no es una alternativa viable.


3. El riesgo de infrafinanciación del pilar público

Si los trabajadores de rentas bajas no pueden ahorrar en fondos privados, su única garantía de retiro es la pensión pública mínima que el Estado se comprometa a asegurar. Sin embargo, la viabilidad de esa red de seguridad pública queda cuestionada por el marco fiscal global del partido.

Las propuestas simultáneas de Vox de reducir el IRPF a dos tramos (15% y 25%), bajar el Impuesto sobre Sociedades al 15% y reducir el IVA suponen una pérdida de recaudación estimada entre 64.000 y 85.000 millones de euros anuales.

A pesar de que el partido sostiene que este agujero se compensará eliminando duplicidades administrativas y subvenciones, los análisis económicos independientes señalan que la supresión de estos gastos no alcanza para cubrir semejante volumen de recursos. La consecuencia directa de una contracción fiscal de esta magnitud sería la enorme dificultad del Estado para financiar con solvencia un sistema de pensiones públicas de cuantía digna, trasladando el riesgo financiero de la jubilación de forma individual a cada trabajador.


4. Conclusión: El paso del riesgo colectivo al riesgo individual

El modelo de pensiones que plantea Vox desplaza el principio de solidaridad intergeneracional y de redistribución del ingreso hacia la capacidad de acumulación individual. Mientras que las rentas altas encontrarían una vía para maximizar su patrimonio y reducir impuestos, la clase trabajadora con menores ingresos quedaría expuesta a una pensión pública dependiente de un Estado con ingresos drásticamente mermados.

En definitiva, la reforma del sistema de pensiones propuesta no resuelve el problema de la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados más humildes, sino que consolida la desigualdad económica a la hora de afrontar la jubilación.

25 octubre 2026

Rebajas fiscales de Vox para las rentas altas y recortes públicos para la mayoría de la ciudadanía


 La trampa del «alivio fiscal»: Por qué la bajada de impuestos perjudica a la clase trabajadora

Bajo el atractivo lema de «dejar el dinero en el bolsillo de los ciudadanos», la derecha política —con Vox a la cabeza y el beneplácito del Partido Popular en diversos pactos territoriales— ha situado la rebaja masiva de impuestos en el centro del debate económico. Sin embargo, al desglosar los números y analizar la letra pequeña de estas propuestas, la realidad resulta muy distinta a la promesa publicitaria: no se trata de un alivio para la mayoría, sino de una redistribución inversa de la riqueza que debilita los pilares del Estado del bienestar.


1. Un «regalo» fiscal que no llega a quien más lo necesita

La medida estrella de la propuesta fiscal de Vox consiste en instaurar un IRPF de solo dos tramos (un 15% hasta los 70.000 euros y un 25% para rentas superiores) junto con un mínimo exento de 22.000 euros anuales. A primera vista, la cifra de 22.000 euros suena atractiva, pero oculta una paradoja evidente para las rentas más humildes.

El salario más frecuente en España ronda los 16.520 euros brutos al año. Los trabajadores que perciben este sueldo —o quienes ganan menos de 17.000-22.000 euros anuales, que representan casi al 24% de los asalariados del país— no ganarán ni un solo euro extra al mes con esta reforma. La razón es sencilla: en el sistema fiscal actual ya están exentos de pagar IRPF.


2. Alfombra roja y bolsillos llenos para las rentas más altas

Mientras las clases trabajadoras y con salarios precarios obtienen un beneficio nulo, el diseño del tramo único al 15% hasta 70.000 euros dispara los ingresos de los tramos salariales más elevados:

Sueldos de 40.000 €/año: Obteniendo un ahorro de unos 475 € al mes.

Sueldos de 70.000 €/año: Su nómina neta aumenta un 26,1%.

Sueldos de 100.000 €/año: Perciben un aumento del 30% en su salario neto, lo que equivale a 1.577 euros extra cada mes.

Los datos de Hacienda revelan la enorme brecha de esta medida: menos del 3% de los contribuyentes con mayores ingresos (más de 79.000 € anuales) se quedaría con más del 21% de todo el ahorro fiscal generado por la reforma del IRPF.


3. El agujero en las arcas públicas: ¿Quién paga la factura?

Llevar a cabo una reducción impositiva de este calibre implica un roto gigantesco en la recaudación del Estado. La suma de las bajadas en el IRPF, el Impuesto sobre Sociedades (al 15%) y el IVA supondría una pérdida de ingresos de entre 64.000 y 85.000 millones de euros anuales.

Para poner esta cifra descomunal en perspectiva:

Equivale a financiar casi 11 meses del gasto nacional en educación.

Supone más de dos años completos del presupuesto de defensa.

Representa más de 100 días del gasto total en pensiones de todo el país.

Prometer que semejante agujero recaudatorio se compensará únicamente recortando el «gasto político» o eliminando subvenciones es una irresponsabilidad presupuestaria. Un recorte de esta magnitud sobre los ingresos del Estado conduce inevitablemente al desmantelamiento o deterioro de la sanidad pública, las listas de espera en dependencia, la educación y las infraestructuras.


4. Conclusión: Chovinismo del bienestar frente a la realidad social

Es contradictorio apelar al «voto obrero» o proclamar la defensa de los trabajadores patriotas mientras se promueve un modelo fiscal libertario que asfixia los recursos públicos. Quienes más dependen de la sanidad pública, de la escuela pública y de las ayudas sociales son, precisamente, las familias de menor renta que no recibirán un solo céntimo de ahorro en su nómina con estas bajadas de impuestos.

La bajada masiva de impuestos propuesta por la derecha no es una solución al estancamiento salarial ni a la pérdida de poder adquisitivo; es un espejismo populista que priva al Estado de las herramientas necesarias para corregir la desigualdad y proteger a la mayoría social.


28 abril 2026

Esperando el role



Las regatas de Vela Latina Canaria son complejas y las estrategias que se despliegan en ellas son múltiples. Sin embargo, en los últimos tiempos parece que el repiquete está perdiendo terreno frente a una táctica mucho más conservadora y, en ocasiones, frustrante: la espera del role.

Lo ocurrido el pasado domingo es un ejemplo claro de cómo confiar en exceso en una única lectura puede lastrar las opciones de botes que, por tripulación y potencial, deberían estar peleando arriba, explorando recursos alternativos incluso cuando, a priori, no parezcan la vía más cómoda.

La trampa del viento de tierra

La regata del domingo se presentó con un escenario táctico clásico: el viento de tierra. Un contexto que penaliza con dureza al bote que sale detrás, dejándolo sin aire limpio y atrapado en el cono de desvente.

Ante esta situación, muchos patrones optaron por una única hoja de ruta: caer a sotavento y esperar el “role de fuera”, ese cambio de dirección que, en teoría, permitiría virar con ventaja para atacar el barlovento y reposicionarse en la regata.

El problema es que esa espera se está convirtiendo en norma. Varios botes hipotecaron su regata confiando en un role que nunca llegó. Y cuando decidieron reaccionar, ya era tarde: la ventana se había cerrado y el viento había dictado sentencia.

El olvido del "repiquete" y la virada táctica

Lo llamativo es que hablamos de tripulaciones de altísimo nivel, con capacidad sobrada para ejecutar maniobras rápidas y limpias, y con una herramienta —la virada— que históricamente ha decidido muchas regatas.

Antes, virar no era solo cambiar de rumbo; era una forma de generar oportunidades. Una manera de salir de bloqueos, de incomodar al rival, de buscar presión donde otros no miraban.

Hoy, en cambio, parece haberse convertido en el último recurso, cuando debería ser uno de los primeros, especialmente si tienes los medios para ejecutarla con eficacia.

Cuando un bote quedaba bloqueado por barlovento, la vieja escuela no dudaba: se intentaba la escapada por sotavento y, si no funcionaba, se activaba el repiquete. Una sucesión de viradas para encontrar una nueva zona de presión, forzar errores o simplemente recortar distancias desde la maniobra.

Esa agresividad táctica ha ido dejando paso a una actitud más pasiva, basada en esperar que el viento haga el trabajo. Y no siempre lo hace. A veces, una virada bien ejecutada en el momento justo vale más que cualquier role.

Virar hacia tierra el pasado domingo no era una decisión fácil, está claro, pero entiendo que había que buscar un recurso alternativo que seguir a la espera del role de fuera, habría sido una apuesta arriesgada, sin duda, pero te habría dado la oportunidad de tener el control del propio destino en lugar de ponerle una vela a Santa Rita.

Reivindicar la iniciativa

El repiquete forma parte de la esencia de la Vela Latina Canaria. Reducir una regata a esperar un role es simplificar en exceso un deporte que destaca precisamente por su riqueza táctica.

Si la virada deja de ser un arma ofensiva, la flota corre el riesgo de volverse previsible y el espectáculo de perder intensidad.

El pasado domingo dejó una lección clara: el viento no siempre responde a lo esperado. Y estoy seguro de que los botes que no acertaron ya están revisando datos y decisiones.

Quizás ha llegado el momento de recuperar la iniciativa. De volver a confiar en el repiquete, en la maniobra, en la búsqueda activa de oportunidades.

Porque en la bahía, el que espera el viento muchas veces encuentra la derrota. Y el que lo sale a buscar, casi siempre encuentra una opción.


27 febrero 2026

El radar en la Vela Latina: el miedo como mordaza

 





Nuestra Vela Latina no es solo un deporte; es un legado vivo que navega por nuestra bahía desde mediados del siglo XIX. Con más de 150 años de historia, esta tradición —reconocida como Bien de Interés Cultural— se enfrenta hoy a una amenaza: la instalación de un radar de 25.000 vatios en la bocana de nuestra propia base.

Mientras surgen requerimientos oficiales exigiendo la documentación técnica que el puerto aún no ha hecho pública, nosotros nos preguntamos: ¿Por qué se ignoran las alternativas seguras? ¿Por qué no muestran los informes técnicos y los certificados que deben garantizar nuestra integridad?.

A continuación, analizamos las "trampas" legales, las contradicciones de una seguridad que necesita "corazas" y la firme defensa de un derecho que no puede ser moneda de cambio de ninguna concesión.

El "atajo" legal: ¿Dónde está el estudio de impacto ambiental?

Al analizar el proyecto constructivo (Exp. AT_25-21), descubrimos la primera gran trampa. En las páginas 35 y 62, la Autoridad Portuaria afirma textualmente que "no es necesario someter el proyecto a evaluación ambiental".

Es posible que, por la Ley de Evaluación Ambiental, la estructura física (la torre de 10m) no requiera una Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) ordinaria si el puerto ya está urbanizado. Sin embargo, la contaminación electromagnética es un vector ambiental que debe ser analizado, especialmente zonas deportivas próximas.

Pero el gran "ausente" en todo este expediente es la Certificación de Niveles de Exposición, un documento que resulta primordial para una instalación de esta envergadura. Se trata de la única garantía técnica, que debe estar visada por el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, capaz de acreditar que la estación cumple con los límites legales de intensidad de campo eléctrico y densidad de potencia. Sin esta certificación, no conocemos la Potencia Radiada Aparente (PRA) ni los diagramas de radiación de la antena, datos vitales para asegurar que la energía emitida no impacte de forma nociva en la lámina de agua por la que navegamos. Es inaceptable que se avance en la construcción de una torre de 10 metros para un radar de 25 kW sin que este certificado técnico y sanitario esté a disposición de los ciudadanos, pues es el único que garantiza que nuestra actividad náutica se desarrolla en un entorno seguro.

El Real Decreto 1066/2001 que establece condiciones de protección del dominio público radioeléctrico, restricciones a las emisiones radioeléctricas y medidas de protección sanitaria frente a emisiones radioeléctricas es de aplicación estatal y no distingue si el promotor es una Autoridad Portuaria.

El artículo 8 de este Real Decreto es claro: para cualquier estación radioeléctrica, se debe garantizar que los niveles de emisión no superen los límites de salud pública.

La Orden CTE/23/2002: Establece que las estaciones de alta potencia (y 25 kW es una potencia muy alta para un entorno urbano/deportivo) deben presentar obligatoriamente un Proyecto de Instalación que incluya una estimación de los niveles de exposición en las zonas cercanas.

Zona de Exclusión: a esa potencia, existe una "distancia de cumplimiento" (zona donde no puede haber personas). Si el proyecto no tiene el estudio, no han calculado si esos 10 metros de altura son suficientes para que el haz no "barra" a las personas.

Si no es peligroso, ¿por qué la coraza?

Vamos a los datos oficiales: un radar de 25.000 vatios (25 kW) es, por definición, 250 veces más potente que otros equipos del mismo proyecto.

Si realmente fuera tan inofensivo como un móvil, ¿por qué nos ofrecen ponerle una "coraza" o escudo de protección? La respuesta es obvia: si algo es inocuo, no necesita blindaje. Ofrecer una coraza es la admisión implícita de que existe un riesgo real para los deportistas y los niños que están justo debajo. No se gasta dinero público en proteger a la gente de "un teléfono móvil".

La alternativa lógica: La zona de la gasolinera

Lo que más frustra es que existe una solución técnica perfecta. Justo más al norte, en la zona de la gasolinera (frente a la entrada del muelle deportivo), existe una ubicación con todas las facilidades técnicas y mucho menos transitada.

Instalarlo allí cubriría la misma función de vigilancia sin convertir nuestra base náutica en un experimento de radiación. Si existe una alternativa segura y viable, ¿por qué insistir en plantar el radar más potente del puerto de nuestro deporte?

El chantaje de la concesión: La salud no es moneda de cambio

Lo más grave que sobrevoló la reunión de ayer fue el mensaje de que "no podemos ir contra el dueño de la concesión" porque podríamos perder el muelle.

Es hora de poner las cartas sobre la mesa: la Federación de Vela Latina Canaria de Botes paga una concesión de más de 50.000 euros anuales. No estamos aquí de prestado ni por caridad; somos clientes y concesionarios con derechos legales a la seguridad y la higiene en nuestra actividad. No somos un simple local comercial ni una embarcación que no paga; somos el corazón de un deporte con más de 150 años de historia, practicado desde mediados del siglo XIX.

Esta trayectoria centenaria nos ha convertido en un Bien de Interés Cultural que merece un respeto institucional acorde a su legado y a su aportación a la identidad de esta ciudad. Utilizar la titularidad del suelo para intentar silenciar una preocupación legítima sobre la salud pública roza la amenaza velada. No podemos permitir que el miedo a perder nuestra "casa" en el muelle nos obligue a aceptar un riesgo sanitario para nuestra cantera, hipotecando el futuro de los niños que deben heredar esta tradición que forma parte de nuestra historia desde hace más de siglo y medio.

Conclusiones claras:

  • No hubo evaluación ambiental real: Se utilizó un atajo administrativo para evitar el trámite de evaluación ordinaria, omitiendo así cualquier análisis sobre el impacto de la radiación de 25.000 vatios en la salud de los menores.

  • Contradicción total: Si el radar fuera tan inofensivo como un móvil, no se ofrecería la instalación de una "coraza" o blindaje. La propia existencia de esa medida de protección confirma que estamos ante un peligro potencial para los deportistas.

  • Falta de certificación obligatoria: Es inaceptable que se avance sin presentar la Certificación de Niveles de Exposición visada por el Ministerio competente. Este es el único documento que garantiza técnicamente que los límites de intensidad de campo eléctrico y densidad de potencia son seguros para quienes están en la lámina de agua.

  • Alternativa viable: Exigimos que se valore seriamente la ubicación norte, en la zona de la gasolinera. Es un punto con menos tránsito de personas, con las mismas facilidades técnicas y que no compromete la seguridad de los deportistas.

  • Dignidad: La Vela Latina Canaria es un deporte con más de 150 años de historia y su base náutica no es un simple local comercial. La salud de nuestros hijos y deportistas no puede ser objeto de negociación ni verse silenciada por miedo a represalias administrativas sobre nuestra concesión.

La Vela Latina es Bien de Interés Cultural, pero antes que eso, es una comunidad de personas. La tecnología debe servirnos, no hipotecar nuestra integridad. ¡Basta de atajos y basta de miedos!



14 febrero 2026

Un radar de 25.000 vatios sobre nuestras velas. ¿Es compatible este radar con la Vela Latina?

 


La Autoridad Portuaria ha decidido que la Bocana de la Vela Latina es el lugar ideal para un radar de vigilancia. A priori, suena a progreso, pero el diablo está en los detalles técnicos. Al analizar el pliego de prescripciones técnicas, se me encogió el alma. No van a poner un sensor cualquiera; van a instalar un monstruo de 25.000 vatios (25 kW) de potencia. Para que se hagan una idea de la magnitud, es 250 veces más potente que los otros radares del mismo proyecto. Es como si en un lugar donde basta una luz de lectura, decidieran encender un foco de estadio olímpico directamente sobre nuestras cabezas.

El haz de 25.000 vatios: si busca manchas, nos encuentra a nosotros. Lo que realmente me quita el sueño es nuestra salud. Nos dicen, para que nos quedemos tranquilos, que el radar "mira al mar" y no hacia el interior del muelle. Pero el papel lo aguanta todo, y el pliego técnico es implacable: este sistema no solo debe detectar barcos, sino que tiene que ser capaz de localizar personas en el agua y, lo que es aún más revelador, manchas de vertidos de hidrocarburos.

Aquí es donde entra la física básica y donde se cae el discurso oficial. Para que un radar detecte una mancha de aceite o la cabeza de un náufrago, el haz de energía no puede pasar por encima del horizonte como si fuera un faro lejano. Las manchas de petróleo no flotan en el aire; están pegadas a la superficie del mar, formando una película finísima. Para que el radar "vea" esa mancha, su haz de 25.000 vatios tiene que "chocar" contra la superficie del agua con un ángulo muy bajo. ¿Y qué hay entre la antena de la bocana y esa lámina de agua que el radar debe vigilar? Nosotros. Estamos nosotros preparando los botes, están nuestras tripulaciones peleando con la escota y estamos todos cruzando ese "pasillo" de salida. Para que el radar haga su trabajo de detectar vertidos, tiene que freír literalmente la zona por la que navegamos. El haz no nos pasa por encima; nos atraviesa.

Esto no es una exposición puntual. Nuestra instalación deportiva está activa todo el año. Pasamos horas allí, bajo la influencia de esas pulsaciones invisibles de Banda X. Y lo que es más sangrante: la cantera de la Vela Latina está llena de niños y adolescentes. Sus cuerpos, todavía en desarrollo, son esponjas ante la radiación electromagnética continuada. Si el radar necesita "limpiar" la superficie del mar para buscar manchas de hidrocarburos, lo hará a costa de barrer nuestras cubiertas con una potencia que, recuerdo, es 250 veces superior a la de otros puntos del puerto. No estamos ante un sistema de vigilancia; estamos ante un foco masivo de radiación instalado en el cuello de botella de nuestro deporte.

Lo más absurdo es que existen alternativas claras. El propio proyecto contempla ubicaciones como el Muelle Reina Sofía, una zona puramente industrial, de acceso restringido y alejada de la práctica deportiva intensa. ¿Por qué empeñarse en la Bocana de la Vela Latina? ¿Por qué castigar el punto con más densidad de deportistas con el equipo más potente de toda la red? El Real Decreto 1066/2001 exige minimizar la exposición en espacios sensibles, y si un muelle lleno de deportistas y niños no lo es, que alguien baje de su despacho y me lo explique.

Pero hay algo que me indigna profundamente: la Federación de Vela Latina Canaria de Botes está en estas instalaciones bajo una concesión administrativa. No estamos aquí gratis; pagamos más de 50.000 € por el uso de este espacio y, por tanto, tenemos derechos legales que parecen haber sido ignorados. Como concesionarios, cualquier instalación que altere la seguridad o la higiene de nuestra actividad debería haber sido consultada. Instalar este radar sin contar con nosotros no es solo un desplante administrativo, es una posible vulneración de las condiciones de nuestra concesión.

La Federación es nuestra voz y nuestra defensa, y no puede seguir callada mientras se toma una decisión que hipoteca nuestra integridad. Su obligación moral y legal es velar por nosotros, los que mantenemos vivo este de deporte que es  Bien de Interés Cultural. La tecnología no puede pasar por encima de las personas. 

Queremos puertos seguros, por supuesto, pero no a costa de convertir nuestra base náuctica en una zona de radiación constante. Es hora de exigir que se busque otra ubicación para ese radar. No vamos a permitir que apaguen nuestra tradición con 25.000 vatios de indiferencia.