24 junio 2018

La contraluz y su silueta

Las fotos a contraluz tienen ese toque especial que las hace diferentes.


23 junio 2018

Reflejo de palmera

Las sombras también tiene su punto de hermosura, como lo es el reflejo de esta palmera en la piscina.
The shadows also have their point of beauty, as is the reflection of this palm tree in the pool.

22 junio 2018

El apuntador



No había razones para seguir. Detuvo su carrera buscando un poco de resuello. Apoyó las manos en las rodillas y vio como se alejaba para siempre. Él sabía que ella no volvería a pasar por allí. Bueno, siendo realistas, si volvería a pasar, pero él sabía que lo haría de una forma diferente, porque ella cambiaba todos los días, nunca llegaba  igual; cada día de una forma distinta. Así era su forma de ser y así era su existencia. Cambiantes como las olas del mar.
Su corazón intentaba volver al reposo cotidiano. Después de unos minutos de descanso, sus pulsaciones volvieron al estado normal. Se detuvo a mirar los dígitos del cronómetro, que parpadeaban en la pantalla digital de su reloj, aquel que le había regalado su padre, para conocer la hora exacta en la que se había ido.  
No comprendía qué había pasado. Rebuscó dentro de su abigarrada mochila y, a tientas, encontró su pequeño bloc de notas, lo sacó, se sentó en el banco de la marquesina y apuntó la hora exacta: 8:14:30 Esta vez se había adelantado treinta segundos. Observó como la guagua se perdía entre la bruma de la mañana, pensando que las guaguas son unos máquinas muy impuntuales y que su tesis doctoral con el nombre provisional: 
La curva del tiempo y su influencia en la ruta de línea 343. Consecuencias estructurales en la productividad laboral.
Se estaba poniendo cada vez más interesante y que estaba llegando, sin lugar a ninguna duda, a demostrar la hipótesis planteada.

 Fuente de la imagen: Pixabay

21 junio 2018

Efectos digitales

No soy un experto en efectos digitales, pero de vez en cuando me gusta jugar y a veces salen cosas muy hermosas.
I'm not an expert in digital effects, but every now and then I like to play and sometimes beautiful things come out.

20 junio 2018

19 junio 2018

Una cuestión inesperada



Pascual se levantó temprano, como siempre. La rutina le había marcado el paso desde que tenía quince años, cuando comenzó a trabajar y no había dejado de hacerlo, incluso, después de su jubilación.  Se dirigió a la nevera con paso cansino, la abrió y comprobó  que no tenía nada; ni siquiera un bote de leche para hacerse el cortado de las mañanas. Se acercó a la cómoda, abrió el cajón y allí estaban los últimos treinta euros que tenía. Suficientes para hacer la compra de la semana, hasta que le ingresaran los novecientos euros de la pensión.  Cogió los treinta euros y pensó de qué le habían servido los más de cuarenta y cinco años de trabajo trabajando en la tabaquera. Solo para romperse el lomo. 
Se vistió con el chándal azul que siempre tenía más a mano. Lo más cómodo y práctico. Atrás habían quedado los días en los que le gustaba emperifollarse con alguno de los treinta y dos trajes que llegó a tener, pero cinco años antes de la jubilación comenzó a querer salir menos; perdió el gusto de sentirse un dandi y se sentía más que a gusto en su cueva, como él denominada a su casa.
Fue al supermercado caminando, que estaba a más de medio kilómetro de su casa y llenó una cesta con los productos principales, pan, leche, fruta, carne, algo de verdura y un poco de embutido. Salió con cinco bolsas dispuesto a regresar a su casa, pero se detuvo, un dolor intenso le bajó desde la cadera hasta el talón y le paralizó el pie derecho. La ciática estaba volviendo a hacer de las suyas. Soltó las bolsas en el suelo y se apoyó en un árbol cercano para coger un poco de respiro. Se metió la mano en el bolsillo y sacó los cinco céntimos que le había devuelto el cajero. Vio un taxi, levantó la mano como pudo, el taxista paró muy cerca suyo, se subió y con un quejido le indicó donde quería ir. 
Una mujer rubia observaba la escena desde la otra acera, cruzó y llegó al lugar donde estaba Pascual, miró a un lado y otro, mientras veía como Pascual se alejaba en el taxi. Cogió las cinco bolsas y se marchó calle abajo con la compra de la semana.
Por el camino, Pascual se percató de dos cosas: que había perdido la compra y que sería muy difícil explicarle al taxista que solo tenía cinco céntimos para pagarle la carrera.

Fuente de la imagen: Pixabay

18 junio 2018

Mi garrafa de agua de mar


Llevo desde el año 2013 bebiendo agua de mar de manera continua y esta es la playa donde la recojo, la playa del Burrero en Ingenio de Gran Canaria.
I have been drinking sea water continuously since 2013 and this is the beach where I pick it up, the beach of El Burrero in Ingenio de Gran Canaria.

17 junio 2018

You know better than anyone that you cheated on me


That day he got up earlier than usual, because an indescribable restlessness made him open his eyes like dishes at five o' clock in the morning and that was seasoned with that pressure in the mouth of his stomach that could be palpated with his hands. His wife slept beside him, so he got up slowly so as not to wake her. He dressed in the dark, went into the kitchen and had a quiet breakfast while listening to the news on national radio. When he finished, he went down to the garage, got in his car and went out into the street. Everything was different at that time. The city was transformed in the early morning, people were different, cars, lights, parks, even shadows were different and only cats remained unaltered, because they were the owners of the night.
In his work the day passed like every other day, but with the shadow of that restlessness that flooded his soul and that slab in the mouth of his stomach. But by mid-morning, he started feeling bad, talked to his boss and went home.
When he arrived, he didn't find his wife. He looked at his watch, it was 11:00 in the morning. He took her cell phone and called her:
"Off or out of range", "he said that impersonal and binary voice". 
"She will be with her friend Rita", she thought. He looked up Rita's phone number, called her and she answered it:
 "No, she's not with me, Sabino, but the curious thing is that I can't find Andres either. I've been trying to reach him for three hours and there's no way. You know, I just met him to help measure the windows to make curtains for our new floor. Could you give me a hand? Sure, if you have nothing better to do."
 "Well, if we don't have to make a lot of efforts. I just don't feel so good."
 "Okay, I'll pick you up in five minutes. I send you a message with WhatsApp, and you get off.
After six minutes, he got the message and came down. On the way to Rita and Andres' flat, they were talking about how their lives were going. Sabino asked her that when they were planning to get married. She replied that, for now, they had to furnish the flat and that they didn't have a wedding date.
When they arrived, they went up to the ninth floor. Rita took out the keys. She was surprised I didn't have all the laps. As they entered, they heard moans and screams from the bedroom. She came in and asked who was there, followed by Sabino. They went up to the master chamber. There they met Sabino's wife, sitting on top of Andrew. Sabino looked at his wife in disgust. Without saying anything, he turned around and left. From the doorway, he heard Rita's screams that she used her entire slum-bass dictionary to insult her future husband. He also heard how his name was lost in the echo of those empty rooms:
"Sabino, Sabino, Sabino..."
 He didn't wait for the elevator. He went down the stairs looking for an explanation of what he had seen, but did not find it. 
"His wife with Andrew."
He couldn't believe it. Now he understood many things, just now. He remembered that day, when she introduced him to an old friend, Andrew and his beautiful new girlfriend, Rita. Those looks, those rubs, those words. Everything fit together, piece by piece, like the most perfect of puzzles.

Image source: Pixabay

16 junio 2018

El lenguaje escrito y el lenguaje hablado


Me pareció curioso el nombre de esta calle, con las dos formas de que estaba escrita, una como se escribe y la otra como la pronunciamos los canarios y los hispanoamericanos.

15 junio 2018

Siempre me gustó la sangre fresca

sangre
¡Bicho asqueroso!
Ese fue el grito que oí al recibir el golpe. Luego perdí el conocimiento. Cuando desperté no sabía dónde estaba. Intenté incorporarme, pero no pude. Todavía tenía el conocido sabor a sangre en mi boca, ese sabor tan característico, que cuando los saboreas no puedes dejar de hacerlo. Lo reconozco. Me gusta el sabor de la sangre.
Al poco me pude recuperar. Estaba tirado sobre la mesa de la cocina y sus palabras aún retumbaban en mi cerebro:

¡Bicho asqueroso!
Oía su voz en la lejanía, como si estuviera entretenido en algún lugar de su habitáculo. Estoy seguro de que me dio por muerto. El golpe que me asestó fue directo y duro, pero que equivocado estaba. Volví a levantarme con mucha dificultad. Me temblaban las piernas y no veía con claridad. Me senté en la mesa, hasta que me recuperé del todo.
Sin dudarlo un instante, me dirigí hacia él. Atravesé la cocina y llegué al salón. Él estaba sentado frente al televisor. A mí solo me interesaba su cuello, porque el olor a sangre me llamaba. Me acerqué sigilosamente, intentando hace el menor ruido posible. El sonido siempre nos acaba delatando. Aterricé cerca de su yugular y le volví a chupar la sangre, porque a que nosotros, los mosquitos tigre, siempre nos gustó la sangre, aunque perdamos la vida en ello. Nosotros, como los escorpiones, nos puede el carácter.
Esta vez ni se percató de mi presencia y le pude chupar la sangre a gusto, hasta que me harté y volé a buscar otra víctima propiciatoria.

Fuente de la imagen: Pixabay

14 junio 2018

Flor del bicácaro canario

Esta es una flor endémica de las Islas Canarias cuyo nombre científico es canarina canariensis, más conocida como bicácaro canario y tiene la particularidad que, una vez caído el capullo, el fruto interno es comestible.
This is an endemic flower of the Canary Islands whose scientific name is canarina canariensis, better known as bicacaro canary and has the peculiarity that, once the cocoon has fallen, the internal fruit is edible.

13 junio 2018

12 junio 2018

Pensando en dar un paseo en primavera

Los coches antiguos siempre me han gustado. Hubo una época, en la adolescencia, en que me apasionaban los Rolls Royce descapotables.
I've always liked vintage cars. There was a time, in adolescence, when I was passionate about the Rolls Royce convertibles.

11 junio 2018

Ser la crisálida de tu cambio

transformation

Querer ser mariposa cuando no eres crisálida es complicado, cuando no eres un insecto y tomas conciencia de que eres un ser humano colmado de limitaciones, de frustraciones, de mediocridades, fobias, de manías, de egos trasnochados y de envidias inconfesables.
Un día te das cuenta de que tienes que cambiar desde tu interior y dejar atrás las máscaras, esas pieles viejas que ya no te sirven para nada; ser como la serpiente que renueva su piel a un lado del camino. Renacer desde tu interior para que te salgan las alas para poder dejar atrás aquello que fuiste y que jamás quisiste ser. Un ser que, en ocasiones, no reconoces, pero que está ahí, dentro de ti, porque sencillamente forma parte de tu ser.
Sin embargo, no eres un insecto, no eres un gusano que se convierte en mariposa, eres un ser humano que solo quiere dejar atrás sus miserias y las frustraciones por ser lo que no quieres ser. Entonces coges el pico y la pala para romper, en mil pedazos, esa coraza que te cubre, a la que le has ido añadiendo trozos cada minuto de tu vida como un herrero fiel y concienzudo.
Ahí te percatas cuán difícil es quitar los latones que cubren tu coraza y no te queda otra que seguir tu camino con ella a cuesta, soltando el lastre que puedes y cuando puedes, porque la vida no te da un respiro, una pausa para liberarte de esa pesada carga.
Aunque el camino siempre te enseña que puedes cambiar, que un paso siempre lleva al otro, que subir un escalón, que nunca has subido, tiene sus dificultades. La vida te enseña que los cambios comienzan con la actitud de querer cambiar. Solo tienes que hacerlo, ya no intentarlo, solo hacerlo.
Comenzar cambiando lo pequeño, el detalle, lo insignificante y con el paso del tiempo te percatarás de que has cambiado, que ya no eres aquella crisálida, sino que ya te pareces, en algo, a la mariposa que soñaste ser.
Yo estoy en ello, llevo dos años intentándolo, caminando y respirando, respirando y caminando, con el pico y la pala a mis espaldas y, cada vez que puedo, me arranco un trozo de hojalata que ya no me sirve para nada.
Fuente de la imagen: Pixabay

10 junio 2018

The secret of a dream

portrait

Damien woke up late and had a little headache. The night had been long, very long. He sat in bed looking for the courage to get up and go to work, but his strength was weakening.
He remembered clearly the color of her eyes and hair, the shape of her lips, the warmth of her tongue, the smell of her sweaty skin, the salty taste of her nipples, and the sensual tone of her voice as she spoke to him:

"Tell me you love me"
But he remembered the passion with which they gave themselves in that dreamlike night when their bodies merged into one.
He looked on his cell phone for the last calls he had received, looking for a loophole in reality, but only found the five missed calls from his ex-wife, who was looking for any excuse to remind him that he was already falling behind on alimony payments. Perhaps it had all been a magnificent dream, of those who are so similar to reality that you don't know if it belongs to her or to the world of dreams.
He took a shower and then dressed in the navy blue suit, white shirt, gray tie and black shoes. He was expecting a tough day at the central office.
When he picked up the mobile phone to put it in his wallet, a WhatsApp warning tone sounded. He thought it would be a message from his ex-wife, but this time he was wrong. He logged into the application, opened the message that appeared to be from an unknown sender, and read:

"Don't forget you're my secret and I hope someday you'll tell me you love me."
He smiled and with that smile he left his house because she knew she was a reality, and that made him happy, because he only thought about how to meet her again.
Image source: Pixabay

09 junio 2018

La noche también tiene sus efectos

Los colores se transforman en la noche y le dan ese tono especial que la hace diferente.
The colors change at night and give it that special tone that makes it different.

08 junio 2018

Preparándose para navegar

Aunque no lo parezca este bote se está preparando para navegar hundido hasta las serretas.

07 junio 2018

Suicidio físicamente calculado

Subió al edificio más alto de la ciudad. Había calculado el tiempo exacto que tardaría en impactar con el suelo y morir reventado. Exactamente 8 segundos, después de los cálculos correspondientes aplicando la formula:
image.png
Se subió al reborde del edificio y pensó:
Solo serán 8 segundos y todo habrá terminado.
Miró hacia abajo y sintió un repentino vértigo, mezclado con algo de miedo, porque tirarse de aquel edificio con aquella altura era acabar con la vida de una manera segura. No habría vuelta atrás. Estaba decidido, su vida ya no valía la pena vivirla y acabar con ella era la única solución posible.
No lo pensó mucho más, dio un paso y se tiró al vacío, pero justo cuando llevaba dos segundos se arrepintió. Pensó que todo en la vida tiene solución, menos la muerte, una muerte que lo tenía atrapado por completo y que no lo iba a soltar tan facilmente.
Sin embargo, justo cuando le quedaban 50 centímetros para estrellarse contra el suelo, pudo esquivar la caída porque voló como un Ave Fénix renacido y se elevó por los aires volando a la velocidad de la luz, recorriendo la tierra de punta a punta e, incluso, decidió atravesar el universo y llegar hasta sus confines. Luego regresó y se despertó.
Se sentó en el borde de la cama con una sonrisa de oreja a oreja y se preguntó cuánto hacía que no soñaba que volaba, que no sentía esa sensación maravillosa de sentirse libre y llegar hasta donde él quisiera. Ya no lo recordaba.
Buscó en San Google el significado de su sueño. Se levantó, se duchó, fue su trabajo y pidió la carta de despido.
Ya era hora de un cambio en su vida.
Fuente de la imagen: Youtube

06 junio 2018

Caricatura habanera


Esta caricatura me la hice en la Habana en julio de 2005, cuando paseaba por el Malecón. Un caricaturista cogió un cartón, un bolígrafo y se puso a pintar. Este fue el resultado.

05 junio 2018

La impaciencia

La paciencia es una virtud que muy pocos tienen; yo soy uno de ellos, lo reconozco. Mira que hago esfuerzos intelectuales, analíticos y personales, pero no logro controlar a esa fiera sin control que se llama impaciencia.
Estoy seguro de que esa fiera se puede domesticar, pero
¿Cómo?
Estoy convencido de que la impaciencia es fruto de mi carácter, de algún tipo de herencia transmitida de generación en generación y que cuando nací, ya tenía un buen chute de impaciencia corriendo por mis venas. Solo tengo que mirar a mis hermanos y hermanas, ellos tampoco escapan a ese gen que nos hacer revolvernos como si tuviéramos agua hirviendo bajo nuestros pies.
Esta fiera campa a sus anchas por todo mi ser, pero sobre todo cuando me subo al coche y arranco rumbo desconocido. Entonces la fiera se escapa de entre mis poros hasta que consigue conquistarme por completo.
El asunto se complica cuando me encuentro algún otro automovilista delante de mí, que va mirando el paisaje y, seguramente, disfrutando de su paseo. Mientras, yo detrás solo pensando en cómo sobrepasarlo, pero como siempre ocurre, este automovilista me impone su ritmo y no me queda otra que tragarme toda su parsimonia como si de una pócima se tratase que aumenta, exponencialmente, mi impaciencia. Estoy convencido de que a alguno de ustedes también le ocurre.
En muchas ocasiones he intentado controlar a este salvaje animal, que sale de mí como un huracán sin control, de las formas que los especialistas dicen en sus manuales tales como respirar profundamente, desviar la atención del momento que estoy viviendo e incluso, disfrutar del momento o sacar lo positivo de la situación. Tengo que decir que algunas veces lo consigo y muchas más no.
Y la impaciencia se me acrecienta cuando tengo alguna cita personal, entonces, a esta fiera se le suma mi virtud de ser extremadamente puntual; soy incapaz de llegar tarde a ningún sitio. Este binomio suele ser explosivo y busco estrategias para desactivar alguna de ellas, y sinceramente, casi nunca lo consigo.
Lo mejor que me ha ido es oír audio novelas, leer escuchando, pero a veces ni así consigo dominar al dragón que surge dentro de mí.
La impaciencia es un comportamiento absurdo, sí eso lo sé, porque no saco nada poniéndome nervioso; mi vehículo no irá más rápido, ni mi coche volará por soltar a esta fiera, ni las colas van a desaparecer, ni tampoco, irán más rápido. Al final soy yo el perjudicado, pero como dicen por ahí, el que quiera mal por su gusto…, al infierno a quejarse o que se suba a un coche.
Fuente de la imagen: propia

04 junio 2018

Digital brother


In the end, they carried out their revenge, took us out of the squares, ripped off many pages and trampled us underfoot. Then they burned us. They said that we were subversive and that we put in their minds a thousand uncertain stories that went against the established order, but they forgot that we had a digital replica and, to that one, it is impossible to tear a page, trample it under foot or burn it. Books are a superior species. We evolve. Don't forget that.
Image source: pixabay

03 junio 2018

Perspectiva larga y estrecha

Ya les he comentado que admiro las perspectivas por que nos dan unos puntos de vista que desconocemos y que si aplicaríamos a la vida, deberíamos de buscarla para continuar nuestro camino con tranquilidad y sosiego.
I have already told you that I admire the perspectives because they give us points of view that we do not know and that if we would apply to life, we should look for it in order to continue our journey with peace and quiet.

02 junio 2018

No sin agua. Segunda parte

Para leer la primera parte: No sin agua. Primera parte
Yo sabía que la venta de agua era un magnífico negocio, pero nunca lo había visto de ese modo. Emeterio me estaba dando una visión que nunca me había planteado.
—¿Qué me está diciendo? Yo estoy estudiando ingeniería y nunca he oído hablar de nada de eso.
El viejo zahorí se bajó de su hamaca y se sentó a mi lado.
—Ni nunca lo oirás, Marla. Las compañías se preocupan de capar ese tipo de investigaciones. No les interesa. No te extrañes que los profesores estén comprados para que no haya investigaciones en ese sentido.
Pensé en lo que me estaba diciendo el zahorí y no le faltaba razón. No había leído ni visto ninguna investigación sobre el agua ni tampoco estaban en los planes de estudio de las universidades.
—Escucha, el método de la desalación del agua es su negocio y lo venden como el único método eficaz de satisfacer la demanda, pero es mentira. Solo la llevan hasta donde les es rentable, cuando pierden dinero, ya no quieren oír nada sobre el tema.
—A mi pueblo dicen que los acueductos llegarán en tres años.
—Mienten. Jamás llegarán. No es rentable. Lo que sí les es rentable son las cubas de agua que vienen desde la costa y así seguirán por muchos años, mientras haya quien las pague.
—Veo que usted sabe mucho de esto.
—Sí, llevo años estudiando, investigando porque tenía, tengo y tendré todo el tiempo del mundo.
—El panorama es muy negro.
El viejo zahorí se levantó con dificultad y se perdió por un pasillo de su casa. Al poco regresó con una carpeta azul y descolorida que estaba llena de papeles y se volvió a sentar junto a mí.
—La mayoría de los sistemas de obtención de agua, distintos a la desalación, son por condensación del aire, pero todos esos inventos los tienen las compañías, menos uno, el mío. Hace mucho tiempo que inventé un aparato que lograría sacar de cincuenta a setenta litros de agua al día mediante la condensación del aire. El sistema es sencillo y está formado por una torre de metro y medio, en cuyo interior hay una serie de láminas que tendrán una temperatura distinta a la del exterior, esa baja temperatura se consigue por medio de un pequeño molino de viento y una placa solar, que alimentará a un pequeño condensador que se encargará de mantener la diferencia de temperatura.
Me entregó las láminas del invento y lo revisé con mucho interés. Estaba muy bien explicado.
—Un prototipo muy interesante.
—¿Quieres sacarlo tú adelante?
—¿Yo? —le pregunté con asombro.
—Sí, no te preocupes por la patente, la pondré a tu nombre y tampoco por el dinero.
—¿Y por qué no lo ha puesto usted en marcha?
—Porque estoy viejo. ¿Sabes qué edad tengo?
Me quedé mirándolo durante unos instantes, intentando descubrir su edad, pero no pude.
—Tengo ciento diez años, Marla. Cuando diseñé este prototipo, la falta de agua no era tan acuciante como hoy; los acuíferos todavía daban agua. Yo sabía que algún día mi invento serviría para algo, así que lo patenté y lo guardé. Un día tocaron a mi puerta las compañías, querían comprarme la patente, pero les dije que no. Han venido muchas veces a intentar comprarla, pero siempre se han llevado un no por respuesta. Llevo muchos años buscando agua, fue mi medio de vida hasta hace muy poco y este prototipo es el legado que quiero entregar a la sociedad. Quizás estaba esperando el momento y ese día ha llegado, pero a mí me ha cogido viejo y cansado. Tú has venido a tocar a mi puerta preguntando por una forma de buscar agua, porque tu pueblo está pasando penurias por la falta de ella. Yo te ofrezco mi invento. Solo tienes que ponerlo en marcha. Eres joven y además ingeniera. ¿Qué más puedo pedir?
Me quedé en silencio, pensando en su propuesta. Era cierto que yo había llegado hasta su casa buscando una forma de buscar agua y también era cierto que me la estaba ofreciendo en bandeja, aunque fuese una fórmula distinta a la que yo pensaba.
—Yo te puedo asesorar. Tengo muchos amigos, incluso uno tiene una pequeña empresa que puede comenzar a producir los primeros aparatos, pero necesito que tú seas la que lidere el programa, la que organice el sistema de distribución, que la máquina llegue a todos hogares posibles, que sea una pequeña revolución, que el mundo vea que hay otra manera de acceder al agua y que sea universal.
—Esa es un gran responsabilidad. No sé si seré capaz —le dije con preocupación.
—Ya lo sé, pero te ayudaré. No te preocupes. Se podría hacer mediante una fundación sin ánimo de lucro, así no estarás sola en el proyecto.
—Sí, esa una buena idea e incluso podríamos invitar a la sociedad a participar en ella, para que seamos capaces de producir miles y miles de máquinas y entregarlas por el mundo. La podríamos llamar Fundación Zahorí, ¿qué le parece?
—¿Ves? A eso me refería yo. Tú tienes ideas y esa es magnífica.
Emeterio se detuvo delante de mí, sonrió y me dijo:
—Un nombre maravilloso, aunque tienes que prepararte.
Me miró sin decir nada.
—Prepararme, ¿para qué?
—Para una guerra dura y sucia. Las compañías acuíferas no se van a quedar paradas viendo como le quitamos su lucrativo negocio.
Pensé en lo que dijo Emeterio y no le faltaba razón. Las empresas del agua no nos lo iban a poner nada fácil, sin embargo había que actuar y yo estaba dispuesta a ello. Había llegado hasta allí buscando una solución y ya la tenía; solo hacía falta ponerla en marcha.
—¿Estás dispuesta?
—Sí, lo estoy —le dije aceptando un reto que podría cambiar mi vida.
El viejo zahorí me sonrió y me abrazó.

A la mañana siguiente me despedí de Emeterio con la duda razonable de que si todo lo que me había prometido se quedaría en agua de borrajas. Sin embargo, a los tres días, me llegó una notificación notarial para que aceptara el cambio de nombre de la patente y se me hizo entrega de una copia completa del prototipo registrado.
Estudié durante varios días los detalles del invento del zahorí y comprendí que el viejo buscador de agua había hecho un magnífico trabajo, pero había que fabricar una de esas máquinas y ponerlas en funcionamiento.
Fabricar la primera máquina no fue difícil porque el proyecto de mi amigo estaba bastante claro y pudimos tenerla en funcionamiento en menos de un mes, al tiempo constituimos la fundación y programamos la primera prueba en la plaza central de nuestro pueblo.
Allí estaba Emeterio, mi familia, muchísimos vecinos y yo. No cabía un alma en la plaza. El agua siempre despierta mucho interés y más cuando suponía un sustancioso ahorro para las familias que las alquilaran. Me subí al atril, expliqué cómo funcionaba la máquina, cómo sería el proceso del alquiler y que ese arrendamiento, sería mucho más barato del que estábamos pagando a la compañía.
Durante el tiempo que estuve hablando, la máquina fue capaz de sacar cinco litros de agua. Yo cogí un primer vaso. Lo levanté, lo observé con detalle y me tomé un buche. Luego me bebí el vaso de un trago. Estaba riquísima. Después comencé a entregar vasos a los vecinos que querían probar el agua y todos salieron más que satisfechos. Miré al viejo zahorí y le dije con una amplia sonrisa:
—Lo hemos conseguido, Emeterio. Su máquina funciona.
—Sí, hija, funciona. Tenemos que llenar el planeta de nuestras máquinas para que el agua no sea nunca más un problema para nadie.

La fundación Zahorí llegó a un acuerdo con una empresa nacional que se comprometió a tener las primeras máquinas en funcionamiento. En tres meses teníamos cien unidades que nos las quitaron de las manos y, en los siguientes tres, producimos otras cien más. La empresa que las producía se comprometió a aumentar la cadena de montaje, producir muchas más Zahoríes por mes y así se hizo, pero como me dijo Emeterio, las compañías movieron ficha.
Recibí la primera visita de una de las compañías, la más importante. Los recibí en mi despacho. Los había citado a primera hora de la mañana. Llegaron un hombre y una mujer de mediana edad, vestidos con carísimos trajes. Los invité a sentarse y les pregunté con una sonrisa:
—¿Qué desean?
—Me llamo Elisa Danfort y soy la Directora General de la División de Contingencias Externas de la Compañía AquaPangea y veníamos a decirles que el proyecto de su fundación es un muy interesante, pero se olvidan de que el agua es un producto y nos están haciendo competencia desleal.
—Usted se olvida de un detalle fundamental —le dije con una sonrisa—, nuestra compañía no vende agua, vendemos las Zahoríes, que producen agua, por tanto, tal competencia no existe. Por otra parte, no hay ninguna legislación que prohíba la producción de agua para el autoconsumo. Ese aspecto lo tienen claro, ¿verdad?
La mujer giró la cabeza y miró hacia el hombre.
—Sí —dijo el hombre mientras sacaba una tableta electrónica de su maletín negro—, nuestros asesores legales están estudiando ese aspecto, pero nos gustaría hacerle una propuesta de compra de la patente que sabemos que está a su nombre. Tenemos autorización para ofrecerle lo que usted nos pida.
Me acercó la tableta electrónica después de tocar cuatro veces en la pantalla y me dijo:
—Ahí tiene la página del banco que gestiona los pagos de nuestra compañía, solo tiene que poner una cifra, un número de cuenta y la transferencia será automática. ¿Qué me dice?
Desplacé la tableta hacia a él y le dije:
—La patente de la Zahorí no está en venta.
—Pero ese dinero le resolverá la vida a usted y a los suyos. No desaproveche la oportunidad que le estamos ofreciendo —volvió a insistir el hombre.
Pensé en lo que me decía y me pareció mezquino y repugnante. Me levanté y les dije:
—Esta conversación se ha terminado. Saben dónde está la salida.
El hombre se levantó y cogió sus cosas. La mujer permaneció sentada y mientras se levantaba me dijo:
—Sabíamos que no iba a entrar en razones. Sepa que acabo de dar la orden de que se presente una denuncia ante el tribunal de la competencia y hemos incluido en la demanda, como medida cautelar, que se paralice la producción y se confisquen todas las máquinas que han alquilado.
—Sí, ustedes tienen sus abogados y nosotros también tenemos los nuestros. Teníamos previsto esta contingencia, solo esperamos que nos cite el juez. Así que les ruego que se marchen y no vuelvan más por aquí.
A los pocos días recibimos la citación del juez. Nos movilizamos para tener una buena defensa y en cuarenta y ocho horas teníamos a diez letrados dispuestos a dejarse la piel por defender a nuestra fundación.
Como nos había anunciado la representante de la compañía AquaPangea, denunciaron a la Fundación Zahorí por competencia desleal, solicitaban la paralización cautelar de la producción y la incautación de todas las Zahoríes.
Llamé a Emeterio porque estaba preocupada por el proyecto y porque no sabía qué nos iba a deparar el futuro. Me contestó, pero se le veía cansado:
—Buenos días, Marla. ¿Algún problema?
—Sí, nos ha visitado una de las compañías del agua, AquaPangea, ¿la conoces?
—Sí, esa es la más poderosa, surgió de la reconversión de una petrolera que supo diversificar su negocio a principios del siglo XXI y se dedicó a comprar acuíferos, a invertir en la tecnología del agua y a comprar todas las patentes que existían.
—Me pusieron un cheque en blanco encima de la mesa para comprarnos la patente, pero lo rechacé y al cabo de un minuto me dijeron que habían presentado una demanda por competencia desleal.
—Sobre el papel no tienen nada que hacer, pero los rejos de las multinacionales llegan muy lejos y ese cheque en blanco puede estar en el cajón del despacho del juez. Tú sabes lo que tienes que hacer. Has demostrado tu valía y también lo vas a demostrar ahora.
—Gracias, Emeterio. Por cierto, te veo cansado, ¿qué te ocurre?
—La vejez, niña, la vejez, la medicina nos llevará hasta los ciento cuarenta años, pero ¿de qué forma? No te preocupes, céntrate en solventar el problema de la demanda.
—Así lo haré, amigo, pero cuídate —le contesté terminando la llamada.
Me quedé pensando en él, en sus más de cien años y en lo que había hecho porque el proyecto de las Zahoríes estuviera donde está. Lo sabía, sin su proyecto, nada de esto hubiera sido posible.

Nos presentamos en tiempo y forma en el juzgado. El juez escuchó el alegato del abogado principal de AquaPangea y luego del nuestro, que se sustentaba en que, nuestra fundación, no producía agua y por tanto la supuesta competencia desleal era inexistente. También alegamos que la paralización cautelar de la producción no era pertinente y que la incautación de las máquinas que teníamos alquiladas tampoco, porque la producción de agua para el autoconsumo era totalmente legal.
El juez, después de oírnos, decretó un receso de una hora y cuando volvió resolvió la demanda diciendo:
—Nadie duda que el agua, su producción y venta, es un negocio legítimo, aunque, en estos últimos tiempos, la venta de este bien universal se ha convertido en un negocio de usureros, donde solo prima el lucro desmedido, sin tener en cuenta, en muchos casos, que el acceso al agua tiene que ser universal y, a ser posible, gratuito o a un precio que los ciudadanos puedan pagar sin tener que vender un riñón, como en ocasiones ha ocurrido. La compañía AquaPangea nos presenta una demanda de competencia desleal y como bien plantea la parte demandada, no ha lugar, porque la Fundación Zahorí no produce agua y, si lo hiciera, la podría vender al precio que estimase e incluso regalarla, porque hace muchos años, el 28 de julio de 2010, la ONU, a través de la Resolución 64/292, reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que el agua potable es esencial para la realización de todos los derechos humanos y esa resolución sigue vigente. Visto lo anterior, la demanda presentada no tiene ningún fundamento jurídico ni social. Por tanto, rechazo la demanda de la compañía AguaPangea y la condeno a pagar las costas de este proceso.
Dio dos golpes con su martillo de madera y cerró la sesión.
Nosotros saltamos de alegría por nuestra primera victoria frente a una de las grandes compañías, porque sabíamos que nos haría más fuerte.
Antes de irme, uno de nuestros abogados me dijo que el juez quería hablar conmigo. Sin dudarlo me fui a su despacho. Toqué y oí su voz que me invitaba a entrar. Entré, me dijo que me sentara y me dijo:
—No quiero robarle mucho tiempo, señorita. Solo quería felicitarla por la labor que está haciendo su fundación, que tiene un valor que en estos momentos no se tiene en cuenta, pero dentro de unos años, sí se valorará en su justa medida. Ustedes han puesto en jaque a todas las compañías que traficaban con este bien universal, ustedes han plantado cara y han hecho realidad esa resolución de la ONU.
Me quedé sorprendida y agradecida por las palabras del juez y le dije:
—Muchas gracias, señor juez, palabras como la suyas animan a seguir trabajando y luchando.
Salí de los juzgados satisfecha y llamé a Emeterio que estaba preocupado por el futuro de la fundación, pero no me contestó. Volví a insistir sin recibir respuesta. Pensé lo peor, llamé a la Central Hospitalaria preguntando por él y me dijeron que estaba en Centro de Recuperación para la Vejez de Aunpurn. Solicité un taxi y me dirigí hacia el centro hospitalario.
Después de pasar el control de seguridad, pregunté por mi amigo y subí a su habitación. Entré y lo encontré dormido. Me senté a su lado y esperé a que se despertara. Al cabo de una hora se despertó.
—¡Marla! ¿Qué sorpresa? —dijo arrastrando las palabras—. ¿Por qué te has molestado? Tienes que estar al frente del proyecto.
—Sí, en eso estoy, pero los amigos también son importantes y ahora toca estar aquí, Emeterio.
No dijo nada porque le costaba hablar y respiraba con mucha dificultad.
—¿Por qué no te ponen oxígeno? Estarás mejor.
—Sí, Marla, pero no quiero que una máquina me mantenga con vida; es hora de partir.
Se quedó en silencio, como pensando en sus palabras y después me preguntó:
—¿Cómo fue el juicio?
—Lo ganamos. El juez rechazó la demanda. Luego me llamó a su despacho, nos felicitó por nuestro proyecto y nos animó a presentar una demanda por usura contra las compañías acuíferas.
Sonrío y luego dijo:
—Ese es de los nuestros, niña. Algunos todavía tienen conciencia. Hemos hecho un buen trabajo, Marla. Me iré feliz, jamás pensé que vería mi proyecto hecho realidad. Cuando apareciste por mi casa, lo vi claro y el tiempo me ha dado la razón. Al final hemos puesto nuestro granito de arena para mejorar la vida de nuestros semejantes y eso es muy importante. Tendrás que seguir sola, pero sé que lo harás muy bien porque ya lo estás haciendo.
—Sí, hemos hecho un magnífico trabajo, sobre todo usted, Emeterio, sin su generosidad no estaríamos hablando de nada de esto y no me hable de seguir sola, formamos un buen equipo.
—Hemos trabajado en equipo y hemos conseguido nuestro objetivo. Eso es lo único que importa.
—Lo dejaré descansar, volveré en unos días.
—Sí, tengo que descansar y ven cuando quieras, pero céntrate en sacar los proyectos adelante.
Me despedí de él, le cogí las manos y las tenía muy frías. Le sonreí y me fui preocupada, con una extraña sensación en el cuerpo.
A la mañana siguiente me llamaron de la Central Hospitalaria y me comunicaron que Emeterio había muerto al amanecer.
Volví a Aunpurn, me hice cargo de los trámites de la incineración de su cuerpo porque no tenía familia y de todo el papeleo hereditario, en los que descubrí que había dejado sus bienes a la Fundación Zahorí, su último gesto de generosidad hacia sus semejantes.
Con el tiempo nuestra Fundación fue creciendo llegando a abaratar, al máximo, los costes de producción y, por tanto, los precios del alquiler de las Zahorís y produciendo una cantidad razonable de máquinas que envíabamos a todas las partes del mundo.
Con los años pudimos ir creando secciones de la Fundación Zahorí en todos los continentes y nos embarcamos en un proyecto, quizás el más importante de la fundación, que no era otro que el diseño, y la puesta en funcionamiento, de una máquina capaz de producir cien litros de agua por hora, a la que llamamos Emeterio, con la idea de entregarla, sin coste alguno, a los pueblos que no tuvieran acceso al agua potable.
Hoy, en mi pueblo, el agua no es un problema, logramos solventarlo gracias a Emeterio y a su proyecto. Seguimos trabajando para que el acceso al agua sea universal y gratuito. En eso estamos, será un trabajo duro, pero tenemos todo el tiempo del mundo, como decía mi viejo amigo el zahorí.

01 junio 2018

Esperando a que llegue el verano

Aún queda mucho para el verano y este cubo está en la orilla esperando a que llegue su verano.
There is still a long way to go before summer and this bucket is on the shore waiting for your summer to arrive.

31 mayo 2018

No sin agua. Primera parte

El historia que les presento es un cuento futurista que he dividido en dos partes para que pueda ser leído con tranquilidad y nos relata el problema que podemos tener con la gestión del agua si no actuamos con sentido común.

I

Me llamo Marla y en mi pueblo casi no quedaba agua. Sabíamos que la falta de agua era un problema muy serio, tanto, que a la entrada había una inmensa pantalla digital que contabilizaba los metros cúbicos que se gastaban minuto a minuto; era, según nuestro alcalde, una manera de tomar conciencia de lo importante que era el agua para nuestras vidas.
Lo cierto era que, desde que nacimos, éramos conscientes de lo fundamental que era el agua para nuestras vidas y no hacía falta ninguna pantalla digital para que supiésemos lo importante que era el líquido elemento.
Nuestra vida giraba en torno a ella, desde que nos levantábamos hasta que nos íbamos a la cama; el estaba presente en la mayor parte de nuestras actividades, porque, de una manera o de otra, nos recordaban que teníamos que usarla de forma consciente y limitada.
En mi pueblo siempre hubo problemas con el abastecimiento y los cortes en el suministro eran muy frecuentes, de una hora, de tres, de siete, hasta que empezaron a cortarla un día, tres, siete y quince.
Nos fuimos acostumbrando a los cortes y a ahorrar todo el agua que fuera posible, para que nos durara de corte en corte, llenando todos los recipientes que se pudieran llenar, bañeras, baldes, bidones, garrafas, botellas y palanganas.
La situación se hizo insostenible cuando la empresa que gestionaba el agua subió tanto los precios, que el agua se convirtió en un producto de lujo que pocos podían pagar y el pueblo no tuvo otra alternativa que echarse a la calle a protestar; se levantaron barricadas, se cortaron calles y nos enfrentamos contra las autoridades y la guerra del agua duró más de una semana hasta que por fin el gobierno central intervino.
El gobierno era consciente de que el agua se había convertido en uno de los problemas más graves que tenía que resolver, porque la falta de agua corriente no solo era un problema que afectaba a nuestro pueblo, sino que afectaba a muchos otros pueblos y, sobre todo, a las grandes ciudades, que sabían cómo resolver ese grave problema.
Al gobierno no le quedó otra alternativa que intervenir y sacó la primera Ley del Agua en la que se establecían los precios mínimos para intentar controlar la especulación, pero no valió de nada, porque las compañías buscaron fórmulas legales para seguir subiéndolos, basándose en que los costes de producción eran muy elevados y no había manera de bajar los precios si no había, de por medio, algún tipo de ayuda por parte del Estado.
Como casi siempre ocurre, la Ley del Agua no gustó a nadie y se la tachó de favorecer a los más pudientes y dejar de la mano de Dios a los más desfavorecidos que tenían que hacer mil y unas peripecias para gastar la menor agua posible, poder llegar a fin de mes y poder comer.
Lo cierto era que la ley venía a favorecer a los que más tenían y que se podían permitir el lujo de pagar los altísimos precios del agua. En cambio, los más pobres teníamos elegir entre comer o renunciar a unos litros de agua para poder llevar una vida digna.
Por ejemplo, en mi casa padecíamos, en carne propia, los problemas del agua porque mis padres tenían que elegir, un mes sí y otro también, entre tener agua corriente cada cinco o siete días o comer de manera digna y optaron por, no solo restringir el agua, sino también restringir la comida, porque si no lo hacíamos así la vida en mi casa sería insostenible.
Era duro tener que estar eligiendo sobre la comida o el agua; ambos elementos fundamentales para la vida, pero no había otro camino.
Sin embargo, la cuestión a la que nos enfrentábamos era diferente, porque jamás nos habíamos enfrentado a un futuro sin agua, y sin agua, no había futuro.
Nuestro pueblo estaba en el interior, a miles de kilómetros del mar, rodeado de interminables páramos y con un gran desierto al sur, que iba creciendo año a año y que amenazaba con tragárselo en unos años si no poníamos remedio.
En las ciudades y pueblos cercanos al mar habían solucionado el problema con las potabilizadoras, que transformaban el agua salada en agua potable, utilizando como motores los molinos gigantes de viento que combinaban con la energía del mar y la fotovoltaica, porque el petróleo se había agotado hacía más de treinta años.
Sabíamos que se habían construido acueductos que transportaban el agua desde el mar hacia el interior y que, incluso, se estaban utilizando los oleoductos y gasoductos para llevar el líquido elemento hacia los lugares donde el agua escaseaba. Habíamos visto y oído que habían logrado llevarla hasta poblaciones que estaban a ocho mil kilómetros, pero nuestro pueblo estaba demasiado lejos, quedó fuera de los planes quinquenales del gobierno central y prometieron que, en tres años, las tuberías llegarían a nuestras casas. Sin embargo, nosotros no podíamos esperar; teníamos que buscar una solución definitiva y económica.
En mi casa el problema parecía no importar. De alguna manera se aceptaba la situación y yo no estaba dispuesta a aceptarla. Así que una noche, después de una fuerte discusión con mis padres, subí a mi habitación y me senté en la cama, me puse las gafas del procesador y activé la pantalla gigante que se proyectó en la pared. Volví a hacer una búsqueda sobre las soluciones para buscar el agua y todas eran soluciones tecnológicas, muy caras y todas estaban en manos de las compañías. Seguí buscando hasta que encontré un vídeo en el que hablaban del problema del agua. Los visualicé hasta el final y allí había varios enlaces relacionados con el tema. Los leí todos, hasta que llegué a un enlace que se llamaba «Emeterio, el buscador de agua». Sentí curiosidad y lo abrí y me encontré con el vídeo de un anciano que tendría más de cien años, erguido como una caña de río, sonriente y que hablaba de su forma de buscar agua. Una fórmula bastante primitiva, pero efectiva y que, según él, nunca fallaba. Activé el geolocalizador y me lo ubicó a cien kilómetros de mi pueblo, hacia el sur, justo donde empezaba el desierto de Cleoorta. El pueblo de Emeterio se llamaba Aunpurn.
II
Busqué si el viejo tenía activado la vídeo llamada, pero no, no la tenía, así que me tocaba viajar a su pueblo para poder hablar con él. Sin pensarlo mucho, reservé un taxi sin conductor para la mañana siguiente y estaría en Aunpurn en quince minutos.
A la mañana siguiente cogí el taxi, volamos hacia Aunpurn y llegamos a la hora prevista. El pueblo parecía que había sido abandonado, aunque el censo decía que vivían trescientas personas, yo no las vi por ningún lado. Las casas estaban cerradas a cal y canto y no había ni un alma en la calle. Seguí las indicaciones de mis gafas digitales y caminé diez minutos hasta que llegué a las afueras del pueblo. El sistema operativo de las gafas me informó que había llegado a mi destino. Allí había una casa, distinta de las que había visto hasta el momento. Blanca, con una puerta azul, dos ventanas a los lados y otra ventana a escasos metros de la puerta. Me acerqué y al instante se activó una pantalla en la puerta azul que me preguntó que qué deseaba. Le dije al ordenador que quería hablar con el señor Emeterio. Esperé la respuesta, pero la puerta se abrió al instante y entré.
La estancia era minimalista, con los muebles indispensables, una hamaca al fondo de la estancia y muchos cojines gigantes por el suelo. La sala estaba iluminada por la claraboya gigante que había en el techo del salón. Se oía música, pero muy bajita. Distinguía un piano, una trompeta y la voz quebrada de una mujer. Esperé, pero al poco me dirigí despacio hacia el fondo, donde estaba la hamaca. Al llegar allí, pregunté:
—¿Señor Emeterio?
—Aquí estamos, señorita, aquí estamos.
Apareció por el fondo, caminando muy despacio y con un vaso lleno de agua.
—Aquí tiene un buen vaso de agua, con un chorrito de limón que le vendrá muy bien.
Cogí el vaso y me bebí el agua de un solo trago. Estaba fresca y distinta a la que solíamos beber en nuestro pueblo.
—Uhmm, está muy rica, sin ese sabor a tierra.
—Claro que sabe distinta, porque no es agua desalada. Es agua del pozo que está justo debajo de esta casa y del único acuífero que todavía no se ha secado. Es la mejor agua que vas a beber en mucho tiempo.
—Sí, lo sé y más en los tiempos que corren en los que el agua escasea tanto.
—¿Cómo te llamas y a qué debo el honor de tu visita?
—Me llamo Marla y he venido a que me enseñe a buscar agua, esa técnica que explica en los vídeos de Internet. No le robaré mucho tiempo.
El viejo se dirigió hacia la hamaca y se acostó en ella.
—No tengo inconveniente en enseñarte la técnica, pero no te servirá de nada. No hay agua que buscar. Los acuíferos están secos y hasta que no vuelva a llover no se llenarán. Hace muchos años, tú no habías nacido, los acuíferos se alimentaban de la nieve perpetua de las altas montañas, pero con el cambio climático y el calentamiento de la tierra, no hay nieve. Ahora solo dependemos de la lluvia y cada vez llueve menos.
Pensé en lo que me decía. Así era. Llovía dos veces al año. Caían dos gotas de agua y poco más. El clima había cambiado desde hacía mucho tiempo.
—Entonces no le molesto más. Gracias por recibirme. Llamaré a un taxi —le dije, después de dejar el vaso de agua sobre una mesa.
—Tendrás que quedarte aquí hasta mañana, porque se acerca una tormenta de arena.
—¿La tormenta es inminente?
—Sí, es de las gordas. No te preocupes, podrás dormir aquí y mañana podrás irte. Tengo una habitación de invitados. Así tendremos tiempo de hablar y contarte lo que sé.
—Lo siento, lo menos que quiero es molestar. Tendría que haber venido otro día.
—No importa. Estaremos bien. Puedes sentarte en uno de esos cojines.
Me senté en uno que estaba frente a la hamaca. Recordé que no les había dicho nada a mis padres, así que los llamé, les dije dónde estaba y que regresaría mañana.
—Asunto arreglado, me quedaré aquí esta noche.
—Entonces querías ser zahorí —me dijo con una sonrisa.
—Sí, que me enseñara a buscar agua. En mi pueblo lo estamos pasando muy mal. Las familias solo trabajan para pagar el agua. Ya casi no tenemos para otra cosa.
El zahorí se mantuvo en silencio durante un tiempo y luego me dijo:
—Sí, el agua es un negocio muy lucrativo. Antes lo era el petróleo. Muchas multinacionales lo han visto claro desde el principio y no se equivocaron.
—No entiendo qué quiere decir.
—Lo que quiero decir es que las compañías multinacionales del agua, esas que la desalan y la llevan por todo el mundo, las que han comprado los acuíferos y los pozos, a ellas no les interesa que haya un acceso universal y gratuito al agua. Es su negocio.
—Ese acceso universal y gratuito es una quimera, Emeterio. Todo el mundo lo sabe. Solo pueden producir agua las compañías.
—Ya pasó hace más de setenta años con el petróleo, cuando se acabó comenzaron a salir toda clase de motores que funcionaban con aire comprimido, con electricidad, con luz solar, con agua, con hidrógeno, etcétera, etcétera. Esos motores estaban inventados cuando todavía había petróleo, pero las petroleras compraron sus patentes para explotarlas en el futuro y es lo que están haciendo con el agua. Hoy por hoy hay sistemas para producir agua a escala local, es decir, sistemas capaces de producir cuarenta o cincuenta litros de agua diarios, pero las compañías han comprado las patentes y nadie las puede producir ni vender. El agua es un negocio muy lucrativo tanto o más que el petróleo porque podemos vivir sin energía eléctrica, pero no sin agua.