22 diciembre 2017

La voz del terror

Se tomó el chocolate. Se levantó. Se dirigió a la barra a pagar. Allí escuchó una voz que la estremeció. No podía ser él. Se giró y lo vio. Sí, era él. El verdugo de miles de sus compatriotas. Se acarició los seis dígitos tatuados en su antebrazo derecho y recordó la barbarie nazi. Se salió de la fila y se sentó. No podía respirar. Después se levantó, cogió una silla y se la estrelló en la cabeza, una y otra vez, hasta que alguien logró detenerla. Lo observó en suelo, muerto, y pensó que por fin se hizo justicia. 

Fuente de la foto: Pixabay-Jacek Abramowicz