03 diciembre 2017

La pesadilla

Recordaba las caricias de su madre, aquella mano suave que hacía que se durmiese como si no importara el mañana y que acompañaba la inocencia que perdió para siempre. 
Ahora se despertaba todas las noches buscando sus caricias cuando la perseguía aquella pesadilla que era como un taladro inexorable, que la atravesaba de pies a cabeza, que hacía que se quedará bloqueada mientras un sudor frío recorría cada poro de su piel.
La pesadilla la llevaba de la mano hacia un altísimo risco y, una vez allí, alguien la empujaba hacia un abismo al que caía sin posibilidad de retorno y se despertaba de un sobresalto. 
Recordó, con una sonrisa, aquellos días en que tenía esa misma pesadilla y caía al mismo abismo sin fin, pero antes de estrellarse contra el suelo, en el último momento, en vez de despertarse sobresaltada, volaba con la agilidad y la velocidad de un vencejo, libre y dueña de sus sueños.
Se preguntaba, quizás la edad, la ansiedad, la responsabilidad, el trabajo y la vida que le pasaba la factura y ella quería pagarla, sí, no con las caricias de su madre, sino con los vuelos del vencejo.

Fuente de la imagen:  Pixabay