19 octubre 2016

Mi medicina

Yo siempre lo esperaba detrás de mi puerta, hasta que lo oía salir, entonces iba a su encuentro y él me decía:
—¡Qué guapa estás hoy! 
Bajábamos juntos y él me contaba cómo le iba la vida, hasta que nos despedíamos.  
Pero un día él no salió a su hora, me quedé detrás de la puerta y no salí. Al siguiente día volví a esperar y tampoco salió. Él nunca volvió a salir. Ese domingo supe que estaba perdida porque él era la medicina que mataba mis miedos e impedía que la ciudad me aplastara como a una cucaracha.