11 octubre 2016

La repugnancia


Ella pensaba que por qué no se limpiaba al darle el pan. Sí, pensaba, era una guarra, de esas que solo piensan en sí mismas y que le importa un carajo los demás. No entendía qué había visto él en ese adefesio mal parido. Él, tan pulcro, tan delicado, tan atento, con esa sonrisa que te comía el alma y esa mirada arrebatadora que te desnudaba. Sí, muchas veces esperaba por él, disimulaba mirando el género y cuando él estaba en el mostrador, se acercaba, sonría y esperaba su sonrisa y su mirada. Ese momento la hacía más que feliz.