28 octubre 2015

Prólogo del Dr. Luis Alberto Anaya Hernández para la edición de NACE.



El trabajo de Moisés, aunque con licencias literarias, refleja bastante bien la apasionante historia de Simón Romero, su nombre cristiano o Alí Arráez Romero, el musulmán que adoptó tras islamizar. 
Nacido en la calle Triana de Las Palmas, fue apresado a los 16 años por corsarios argelinos cuando faenaba en Berbería. Llevado a Argel, renegó pronto y se hizo corsario, con lo que consiguió el dinero para comprar su libertad. Ascendió a contramaestre de navío con lo que consiguió los medios necesarios para construirse un barco, al que denominó, significativamente, “El Canario”. Sus éxitos corsarios, debidos en gran parte a su valor personal, le proporcionaron gran popularidad gracias a la cual fue nombrado presidente de la taifa (gobierno) de los corsarios y poco después Gran Almirante de la Armada argelina. Su actitud ante los canarios fue ambigua, pues mientras venía a corsear a las islas y se llevaba cautivos a sus habitantes, les ayudaba en Argel con alimentos y ropas y sobre todo, les prestaba el dinero para que se redimieran. Además facilitaba la labor de los padres redentores, como ellos mismo reconocieron. Sin duda añoraba Canarias, como lo demuestra la ayuda a los canarios y el nombre del su navío. No obstante, según algunos testimonios, terminó aclimatándose y se convirtió en un buen musulmán. 
Alí Arráez no fue una excepción entre los cautivos canarios, aunque si fue el renegando más destacado, pues hubo numerosos isleños que se islamizaron, y muchos se dedicaron al corso, como el tinerfeño Ozaín que llegó a contramaestre de navío, antes de ser apresado en una isla gallega. 
¿Por qué renegaban? La mayoría porque desesperaban de ser liberados y deseaban mejorar su situación. Algunos eran forzados a islamizar, generalmente niños para ser adoptados y mujeres para enlazar con ellas. También los hubo que fueron voluntariamente a Berbería, como Salvador, el hermano de Alí Romero. Hay que recordar que estas regencias estaban menos jerarquizadas que los países europeos, y que un hombre humilde podía llegar a lo más alto, como sucedió con Alí Romero. 
¿Los renegados asumieron positivamente su nueva cultura y religión? Algunos sí, como el protagonista de esta historia, que aunque al principio se autocriticaba por haber islamizado, más tarde se convirtió en un musulmán sincero. No obstante los hubo también que renegaron para poder ser corsarios y huir al legar a tierras cristianas. Renegar no era fácil, pues implicaba sustituir una cultura por otra, con las dificultades que ello conlleva. 

Dr. Luis Alberto Anaya Hernández. 
Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.