22 mayo 2015

La hora del viaje

Era la hora. Cogió la cucharilla ennegrecida y preparó el billete para su viaje. Cargó la jeringuilla con el líquido burbujeante que revivía en la cuchara. Buscó la vena del tobillo, esa que se escondía en el calcetín y allí se pinchó. El viaje comenzaba con un sopor que lo elevaba hacia lugares siempre desconocidos y se mantenía allí, sin saber muy bien dónde estaba, pero se sentía feliz. Así escapaba de una realidad que no le gustaba, que evitaba que se tirase por un puente y enterraba, una vez más, a su cobardía.