Quería tener ilusión por la vida, por vivir el día a día, por levantarse para ir a trabajar, por sonreír, por ir a la playa y tomar el sol, por disfrutar en el campo, por sentirse enamorado, por besar al ser amado... Pero ser un ente incorpóreo, le dificultaba mucho la tarea.
Al final comprendió que los fantasmas solo pueden tener ilusiones volátiles.
Seguro que alguna vez vivió todo eso; ahora los fantasmas se conforman con observarnos y dar vueltas a nuestro alrededor. Me gustó, Moi.
ResponderEliminarUn besito, hermano.
Gracias Malena tiene razón, los fantasmas están en todos lados.
ResponderEliminarBonito relato, Moisés. ¿Y quién dice que los fantasmas no sienten? Un abrazo
ResponderEliminarGracias, Olga.
Eliminar¡Cuánto fantasma nos rodea! Se creen sus propias fantasmadas. Sí, podrían catalogarse como ilusos volátiles. Adolfo García.
ResponderEliminarCierto es, mucho fantasma. Gracias, Adolfo.
EliminarYa echaba de menos tus relatos.A ver si te vemos más. Ya sabes que me gustan.
ResponderEliminarUn abrazo
Conchi
Lo sé, pero ando liado dándole los últimos toques a mi novela y escribiendo otra y claro, el tiempo es el que es. Gracias, Conchi,
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