21 septiembre 2012

Ayer me desperté en tu cuerpo

Ayer me desperté en tu cuerpo
con el sabor de tus besos en la comisura de mis labios
y con el perfume de tu tez de ébano en mis sedientas manos.

Olí cada centímetro de tu piel como un perro en celo
mientras dormías, agotada,
después de devorame, a mordiscos,
los últimos restos de mi concupiscencia.

Te desperté,
sumergiéndome en el cáliz sagrado de tu sexo
y libando, con mi lengua sedienta,
el néctar oculto de tu lujuria,
mientras mis manos querían ser tus pezones de café.

Repté como una serpiente,
por tu cuerpo convulso,
siguiendo el camino de tus sollozos,
hacia tu boca de mariposa,
para jugar con tu lengua,
y ahogarme con la pasión de besos.

Entré en todas tus cuevas ardientes
mientras tus uñas hacían surcos de delirio en mi piel,
hasta quedarme extasiado, solo, con el placer
efímero de mi egocentrismo.

Ayer me desperté en tu cuerpo,
buscando en el techo blanco
las briznas de tu sueño
que se perdieron en la perra conciencia. (W)