15 julio 2011

Porque te quise tanto

Sabes que te quise tanto, que me quedé sin sangre en las venas por saborear tus besos, por sentir tu sublime cuerpo entre mis manos, que te entregué mi corazón en rodajas y te lo comiste como una hiena hambrienta, dejándolo destrozado en el desierto. Luego te fuiste, sin decir nada, relamiéndote la sangre de la comisura de tus pérfidos labios.
Sí, lloré tu partida en las escaleras de la soledad, comiéndome el rencor que me arrancaba de mi alma, enterrando la tristeza que me sangraba por los poros y huyendo de la desesperación porque quería destrozarme la cordura.
Te seguí de rodillas, en mis sueños, en mis delirios, recogiendo tus mentiras por las cloacas, tus sonrisas inventadas en las noches de tu ausencia, hasta que los gusanos del olvido acabaron comiéndose mis ojos secos de lágrimas. Ahora, ruedo como una aulaga solitaria, dejándome llevar por el viento, durmiendo en los rincones oscuros de los pueblos muertos, esperando encontrar de nuevo un camino que seguir, un alma hermana a la que volver a amar.