05 abril 2011

Caín

Estaba sentado frente a la hoguera, observando como el fuego crepitaba y consumía los últimos rescoldos, esperando a que llegara la hora. No podía dejar de llorar, recordando lo que había sucedido. Pero tenía que volver al presente y buscó en sus bolsillos el menú de aquel restaurante de mala muerte donde había anotado la clave. El papel estaba teñido con la sangre de su hermano Hans. No pudo evitar el pleito. Su hermano lo agredió acusándole de querer quedarse con todo el dinero de la herencia de sus padres. Él se defendió empujándolo y Hans cayó de bruces partiéndose el cráneo. Huyó hacia el mar sin mirar atrás, sin poder quitarse de la cabeza, la imagen de su hermano muerto. Jamás se perdonaría la comisión de ese crimen. Pero todo había sido un desgraciado accidente. Miró el reloj, a esa hora ya estaría abierto el banco.