05 marzo 2011

Orbitas

Siempre la vio como un planeta; lejano, hermoso e inalcanzable. Quería aterrizar en ella para respirar su aire, pisar su tierra, beber su agua y comer sus frutos. Él orbitaba a su alrededor, como un satélite solitario, perdido e indiferente. Buscaba un gesto, una sonrisa, una mirada o que un cataclismo cósmico lo acercara, sin remedio, hacia ella. Pero las leyes de la astrofísica son caprichosas; una mañana dejó de verla, había desaparecido de su sistema cósmico. Con el paso del tiempo, supo de ella, estaba en otra galaxia, jugando con otros planetas.