05 octubre 2010

Perdido



La noche volvió a caer como todas las noches de invierno, fría y solitaria. Se cansó de contar las farolas que iluminaban las ramblas de aquella ciudad sin nombre. Se hizo un bocadillo con un poco de pan, que rellenó con algo de embutido rancio que había encontrado en un contenedor de basura de un supermercado cercano. Sacó toda la documentación que tenía: el DNI y un viejo pasaporte caducado. Miró por última vez el aspecto que tuvo, ya ni se reconocía. Cogió unas hojas de periódicos viejos y les prendió fuego con su mechero. Cuando las llamas estaban en su punto más álgido, echó a la pira su DNI y pasaporte. Agarró su bocadillo y se lo fue comiendo, observando como se quemaba el único hilo que lo mantenía atado a un mundo que había perdido.