12 junio 2010

La culpa


La cena se enfriaba en la mesa. Me senté y me costó levantar la mirada porque me pesaba la culpa. Una culpa de una tonelada de mentiras, que había ido construyendo durante los últimos cinco años después de las tres, después del cansino trabajo, después del aburrimiento marital, después de las miradas cómplices, después de los besos robados en el almacén y después del primer encuentro sexual.

Levanté la cabeza y me encontré con sus ojos, que me preguntaban cuándo se había convertido nuestro amor en un solar, pero no le supe contestar. Me levanté y me fui para siempre.