15 octubre 2010

¡Malditos hipócritas!


Algunos lloran. No tienen derecho a llorar. ¿Qué hicieron por él cuando estaba vivo? Nada. Lo dejaron morir como a un perro. Ahora se desgarran las vestiduras por su muerte. ¡Malditos hipócritas! Aún recuerdo verlo sentado en aquella esquina, muerto de hambre, con la mierda hasta la coronilla y pidiéndote un mísero céntimo para beberse el enésimo trago de alcohol para tratar de olvidar su desgraciada vida. Pero todo cambió cuando apareció muerto y con un boleto de la lotería primitiva premiado. Hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, primas y demás familia, esperando al reparto de la carroña. ¡Malditos hipócritas!