18 junio 2010

El banco del tiempo


Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros. Pero él no estaba dispuesto a dejar que el pesimismo lo ahogara como había hecho con la mayoría de la gente de su pueblo. No, el estaba dispuesto a luchar. Así que una mañana, decidió montar un banco de tiempo en el salón de su casa. Había que darle un empujón a la moribunda vida del pueblo. Él fue el primero en apuntarse, fontanero. Luego se inscribieron electricistas, agricultores, modistas, amas de casa, carpinteros, mecánicos, etc. En poco tiempo el pueblo se transformó, todos tenían algo que ofrecer, todos tenían alguna necesidad, todos se sintieron un poco más útiles y algo más felices. Hay veces en que solo hace falta imaginación.

14 junio 2010

¿Qué estoy escribiendo?


Como han podido observar estoy escribiendo poco en el blog, la razón no es otra que estoy inmerso en la redacción de una nueva novela, a continuación les dejo con un adelanto. Espero que les guste.


Los tres perros fueron los primeros en oler la muerte, porque empezaron a ladrar como si hubieran visto al mismo demonio, dando vueltas alrededor del coche. Pero Feliciano siguió su camino, sin darle mayor importancia al asunto, porque pensó que sería alguna parejita que había pasado la noche haciendo el amor y que querían ver amanecer como enamorados. Azuzó a sus perros para que siguieran el camino,  mientras oía las noticias en la radio de su teléfono móvil.
Cuando llegó al final del sendero, ya casi había amanecido. Giró sobre sus talones para emprender el camino de vuelta, al tiempo que oía las señales horarias en la radio; eran las siete de la mañana del otoño del año 2008.
Esta vez vio con más claridad al corsa, y antes de que se diera cuenta, uno de los perros, el stafford, salió ladrando como un loco, en dirección al automóvil, seguido de sus dos compañeros de paseo. Feliciano los volvió a llamar, pero sin obtener respuesta una positiva. Los tres perros saltaban encima del coche, dando golpes continuos sobre la chapa ensalitrada, hasta que su dueño, se tuvo que acercar para evitar que lo rayaran.
Al acercarse, no pudo ver bien el interior porque las ventanas estaban humedecidas por el relente y la brisa del mar. Se extrañó que los ocupantes no dieran señales de vida con todo el escándalo que estaban haciendo sus perros. Pensó que, quizás, estarían durmiendo después de una noche larga de amor y sexo.
Se dispuso a coger, uno a uno, a sus canes y cuando le quedaba el último, el stafford, vio que la puerta del conductor estaba ensangrentada. En ese momento empezó a preocuparse. Como no veía nada del interior del vehículo, solo una silueta borrosa que no atinaba a distinguir, cogió una de las hojas de periódico que utilizaba para recoger las deyecciones de sus animales y limpió con rapidez el cristal del conductor. Poco a poco fue apareciendo la imagen de la joven degollada.

13 junio 2010

¿Qué estoy leyendo?

Ya terminé Veneno de cristal, de Donna Leon, una escritora que escribe muy bien, la lectura amena, pero la trama no me gustó, no sé, demasiado lenta. Volveré a intentarlo con otro libro de esta autora. También estoy terminando "Génesis de un crimen" de Marisol Llano Azcárate, ya les contaré.
Ahora comienzo a leer: El tiempo entre costuras - María Dueñas, un libro que se está vendiendo muy bien y que según me dicen los que lo han leído está bastante bien.

12 junio 2010

La culpa


La cena se enfriaba en la mesa. Me senté y me costó levantar la mirada porque me pesaba la culpa. Una culpa de una tonelada de mentiras, que había ido construyendo durante los últimos cinco años después de las tres, después del cansino trabajo, después del aburrimiento marital, después de las miradas cómplices, después de los besos robados en el almacén y después del primer encuentro sexual.

Levanté la cabeza y me encontré con sus ojos, que me preguntaban cuándo se había convertido nuestro amor en un solar, pero no le supe contestar. Me levanté y me fui para siempre.



10 junio 2010

Gracias a todas y todos los que asistieron a la presentación de mi libro.

Desde este pequeño rincón, donde dio sus primeros y definitivos pasos esta novela, me gustaría darles las gracias a todas y todos los que asistieron a la presentación de mi libro. Me sentí muy arropado. Estuvo genial.
Gracias, de corazón.