03 noviembre 2009

Todo por una llamada

Cuando Candelaria descolgó el teléfono, se disponía a llamar a su hermana para contarle que la cosa no iba bien con Manolo, que era un carajo a la vela, un pasmarote con más menos vida que un fósil del Sahara y que lo iba a mandar a tomar viento fresco porque ella necesitaba un hombre que le diera un poquito más de vida y, por qué no, un poco más de caña. Marcó el número de su hermana de memoria, comenzó a oír los tonos monocordes que escupía el aparato, hasta que alguien contestó al otro lado de la línea y era evidente que no era su hermana, porque, Macarena, no tenía esa voz masculina tan sensual.
-Creo que me he equivocado. -dijo en tono de disculpa
-¿Sí? A veces las líneas o nuestra memoria nos la juegan.
-En este caso, ni una cosa ni otra. Creo que mi dedo índice ha tenido un delirio de anarquía y ha reivindicado su derecho a tocar la tecla que le ha dado la gana.
-Mal asunto ese, así empiezan las revueltas revolucionarias, con uno que quiere libertad, se le suman los otros y con el tiempo, tendrás en tu mano, la República Independiente de Manolandia.
-Jajajajajajaja, sí, sí, pero espero que no ocurra, no quiero verme en una guerra por controlar las revueltas en mis manos. Hoy por hoy, no tengo ganas de guerra, más bien de paz y amor. O mejor, el cuerpo me pide más
haz el amor y no la guerra.
-Entonces eres de mi equipo. Yo también prefiero más lo uno que lo otro. Antes de que cortes la conversación y te pierda para siempre ¿Cómo te llamas?
-Cande.
-¿Cande, de Candelaria?
-Sí. Can-de-la-ria.
-¡Joder! Como mi abuela.
-Sí, es un nombre de abuela. No sé en quien estaba pensando mi madre. Quizás en su abuela, que era tinerfeña.
- Yo me llamo Noé, y no soy veterinario.
-Jajajajajaja. Pues, tu nombre, es, es....peculiar. Me gusta. No conozco a nadie que se llame así. No sé, pega mucho con tu voz.
- ¿Mi voz? ¿Qué le pasa a mi voz?
- Es muy bíblica.
-Muy bíblica. Mira, es la primera vez que me lo dicen.
-Pues sí, me gusta mucho tu voz.
-Gracias. Oye, ya tengo que cortar, pero déjame que anote tu número. Es que aparece aquí en la pantallita digital. ¿Puedo llamarte otro día?
-Uhmmm, -dijo dubitativa- claro que sí, porque no. Definitivamente este ha sido un día diferente y como dicen por ahí, cuando se cierra una puerta, en otro lugar se abre otra.
-Sí, muy cierto. Pero eso de las puertas, me lo tienes que explicar otro día.
-Claro, claro.
-Pues eso, corto y cierro.
-Vale, hasta otra, Cande.
-Eso mismo, Noé, hasta mejor ver.
Oyó el clic seco cuando Noé cortó la comunicación. Se quedó unos instantes pensando sobre lo que había ocurrido, sonrió pensando que la vida está llena de casualidades y que ya tenía algo más que contarle a su hermana, aparte de la carta de despido, finiquito incluido, que tenía que darle a Manolo.