19 marzo 2009

Ya los oigo

Este poema está dedicado a todos aquellos que fueron asesinados y tirados en pozos, fosas comunes y simas por defender la libertad.

Ya los oigo, ya, están gritando
desde los pozos, desde las simas,
y desde las fosas comunes,
ya los oigo, ya, gritan justicia.

Pero los perros facinerosos,
que escondieron sus huesos,
no quieren oír a los muertos,
ni a sus huesos, ni a sus recuerdos,
no, no los quieren,
solo quieren la cal viva sobre sus cuerpos,
para esconder la ignominia del tiro traicionero en la nuca.

Ya los oigo, ya, ya rompen el silencio
con el sonido de sus cráneos
agujerados por el tiro de la infamia,
buscando salir de los pozos, de las simas
y de las fosas comunes
para descansar en la tierra de los que existieron
o perderse en el mar.

Pero las hienas de la noche siguen aullando,
tras la carroña de sus miserias y de sus mentiras,
para volver a echar la cal viva del olvido,
sobre sus cuerpos, sobre sus huesos
y sobre su recuerdo,
pero ellos siguen gritando. No los callarán.
Ya los oigo, ya, gritan justicia.