10 febrero 2009

El atracador de la crisis

Nota: El argumento de este relato nació ayer y es fruto de la imaginación de Blanca y la mía propia, mientras conversábamos delante del Corte Inglés, justamente en frente de la sección de libros. A partir de nuestras elucubraciones, escribí este relato.

Entró con un pasamontañas que le cubría toda la cara, un carro de la compra y una pistola de perdigones que daba perfectamente el pego y gritó:
- ¡Qué nadie se mueva! El que se mueva le meto un tiro entre ceja y ceja. No quiero ninguna tontería, ¿eh?, que tengo el dedo muy ligero y no vaya a ser que alguno acabe en una caja de pino finlandés sin tenerlo previsto.
El guardia de seguridad, viendo que la situación se agravaba, levantó el walki e intentó llamar a la central pero se encontró con la mirada del atracador que le dijo:

- Tú, chiquitín, no te hagas el valiente, que de esos está el cementerio lleno y los crematorios también. Apaga el walki, ponlo en el suelo y tíramelo hacia aquí.
El segurita no se lo pensó dos veces e hizo lo que le decía el atracador.
- Bueno, veo que todos estamos entendiendo el asunto. Yo quiero irme temprano y sin problemas. Si todos hacemos lo que está en el guión nos saldrá una película estupenda e incluso nos podemos llevar algún oscar.
El atracador miró alrededor, se dirigió a una de las estanterías en las que estaban todas las novelas del generó negro y le dijo a una de las empleadas:
- Mételas todas en el carro, sin dejar ni una, que te estoy vigilando de cerca y no quiero tener un problema contigo.
La empleada lo miró desconcertada y fue metiendo todos los libros de las tres estanterías que estaban dedicadas al género hasta que el carro se llenó.
El atracador miró a todos los clientes de establecimiento y les argumentó:
- No me miren asombrados, que sé que es raro que un atracador robe libros, pero cada uno tiene sus manías y sus vicios y yo soy un lector empedernido. Esta crisis terrible lleva a cualquiera a hacer cosas impensables hasta ayer a las tres. No saben ustedes lo bien que se pasan las mañanas y las tardes leyendo, mientras espero que me llamen del paro. El paro es menos paro y la crisis menos crisis.

Sin decir más, salió corriendo calle abajo, con el carro de la compra lleno de libros mientras en el centro comercial no daban crédito a lo que habían presenciado.

Ha muerto Eluana

Como siempre me he levantado a la misma hora. Soy un puntual empedernido. Nunca he podido llegar tarde a ningún sitio, cosas de carácter y de la formación educacional o de yo que sé. Al único sitio que me gustaría llegar tarde, es al de mi muerte, pero mucho me temo, que seré igual de puntual.
Enciendo el televisor para enterarme de como va el mundo. Sigue igual, bueno con un puñal (daga quedaría más dramático, pero ya tenemos suficiente drama) en la espalda que se llama crisis internacional, que no hay forma de quitárselo, porque sencillamente nadie alcanza a su negra empuñadura para agarrarlo y arrancarlo.
De sopetón la presentadora del informativo dice que Eluana Englaro ha muerto. (¿Quién es Eluana Englaro? No me preguntes eso, a estas horas de la mañana) Tengo un sentimiento bastante contradictorio. Por una parte me siento feliz y por otra triste. Feliz porque por fin, esta mujer podrá descansar y dejar esta vida, que se la había planteado muy jodida desde que sufrió aquel fatal accidente. Una vida cuyo único lazo que la conectaba con el mundo que la rodeaba, era una fría sonda nasogástrica que la mantenía con vida. Y triste por todo el pollo que se ha montado a su alrededor, con los que estaban a favor de que la mantuviesen con vida hasta el fin de sus días, hasta que Dios Padre, hiciera el esperado milagro y, con su dedo divino, le devolviera la vida y con ella, su bellísima sonrisa. Y los otros, (yo soy uno de estos) que querían que la dejaran morir en paz porque nadie merece “vivir” encadenada a una sonda nasogástrica.