29 enero 2008

Los que hacen Iglesia y los que no

Yo hace mucho tiempo que deje de creer en la Iglesia Católica, en todo ese conglomerado de entelequias que me abruman y que en muchas ocasiones dejan de lado el camino marcado por aquel que fue la esencia de su credo.
Es verdad y no puedo negar la evidencia, que muchísimas personas que forman parte de esta Iglesia, están en primera línea en la batalla contra el hambre, contra el sida, contra la exclusión social, en definitiva, ayudando al prójimo sin tener en cuenta credo ni raza, y dejando, en muchas ocasiones, sus vidas en esa labor. Y esto es, para decir, simplemente GRACIAS.
Uno de los claros ejemplos de esto que digo, es la humilde Iglesia de San Carlos de Borromeo de Vallecas, la parroquia roja, que lleva mas de 30 años llevando a la realidad la filosofía mas pura del cristiano, ayudando a todo aquel que lo necesite, dando pan al hambriento, dando agua al sediento, dando refugio a los sin techo, ayudando en definitiva al necesitado e impartiendo el credo católico de la forma mas cercana a sus convecinos.
Pero, una vez más, los Popes de la Iglesia Católica, ven en esa iglesia, un peligro contra el poder establecido, contra la liturgia que les encorseta y que los aleja de la realidad de la sociedad. La consecuencia de este dogma arrebatador y sin sentido, no es otra que el cierre de la iglesia roja, y dejar sin las funciones, religiosas y sociales, a todo un colectivo social que veían en esa iglesia el único apoyo y que tomaban una bocanada de aire nuevo en cada encuentro colectivo y religioso para seguir adelante en un mundo, que por mil razones, los habían dejando en la cuneta.
Una vez mas los doctores de la Iglesia Católica, olvidando por enésima vez sus orígenes, y como hicieron con la Teología de la Liberación, han sacado el mandoble de la intransigencia y la desconsideración y de un plumazo han querido aplastar las voces de sus feligreses.
Olvidan estos Popes, que la Iglesia se construye en la sociedad, y que la Iglesia, con sus doctrina, con sus dogmas y con sus creencias, no pueden vivir de espaldas a la sociedad en que vive, y que tiene que ser lo suficientemente flexible para aceptar en su seno a todas aquellas expresiones de religiosidad cristiana, mas cuando estas expresiones nacen y se desarrollan en el seno de esa misma sociedad.
Y también olvidan estos rectores de la Iglesia que esta parroquia seguirá su camino, haciendo Iglesia, con o sin la bendición apostólica y burocrática, porque ellos entienden que ellos siguen a pie juntillas, todas y cada una de las enseñanzas de aquel que murió crucificado que no era otra que el amor al prójimo.

Microrelato.Los líos de la corbata

No sé cuantas veces he intentado aprender a hacer el dichoso nudo de la corbata. Que si el nudo simple, el Windsor, el medio Windsor, el doble simple, el nudo cruzado o el no menos importante, nudo pequeño. Y es que hacer el nudo de la corbata no te lo enseñan en la escuela, y por lo menos, una vez en la vida, generalmente en bodas y funerales, y en esta parte del primer mundo, tienes que llevar una corbata. Yo he recabado la información práctica en Internet, he localizado la web correspondiente a los nudos, y he impreso la documentación adjunta. Me he puesto manos a la obra delante de mi espejo, que en ocasiones es un hijoputa, con el folio encima del lavamanos y con las manos sudadas. Me decido por el nudo Windsor que es un clásico. A la primera no me sale, me sale un churro; a la segunda voy afinando, las manos me siguen sudando. A la tercera, uff, la voluntad flaquea, me pasa por la cabeza dejarlo para otro día. Cojo el folio, me lo acerco bastante, y me doy cuenta que la presbicia me ha jugado una mala pasada, porque leo: «es bastante complicado de realizar». Reflexiono unos instantes sobre si abandonar u optar por otro nudo. Al final decido seguir en la lucha y después de una hora, logro hacer el puto nudo Windsor de los cojones. Pero estoy contento, podré ir a mi cita como mandan los cánones, pero con el triste convencimiento y también con algo de desesperación, que ese aprendizaje es tan efímero como el agua entre las manos.