21 enero 2019

¿Qué he visto en Netflix? Mowgli. La leyenda de la selva


Fuente: Warner Bros

OPINIÓN


En la tarde de ayer vi, Mowgli, La leyenda de la selva, una película que produjo Warner Bros. Pictures, pero que Netflix le compró los derechos de distribución global y la estrenó el pasado 7 de diciembre.
Esta versión me sorprendió bastante y me gustó mucho, porque se aleja de la original que estrenó Walt Disney en 1967 y que nos presenta una historia bastante cruda y real de la vida de Mowgli. Un Mowgli que tiene que sobrevivir en una selva llena de amigos, pero también de enemigos que quieren acabar con él, porque algunos lo ven como un intruso y lo quieren fuera de la manada.
En la película, en general, se mantiene la trama principal de Rudyard Kipling, pero esta versión añade algunas ligeras variaciones que le dan una entidad propia y que la hacen interesante.
También destacar los efectos especiales, que son muy buenos y muy realistas y que hacen comprender y creer más en lo que se nos presenta en la película.

FICHA TÉCNICA


Producida: Warner Bros. Pictures.
Dirigida: Andy Serkis.
Guion: Callie Kloves.
Fecha: 2018.
Reparto: Rohan Chand (Mowgli), Cate Blanchett (Kaa), Christian Bale (Bagheera), Andy Serkis (Baloo), Benedict Cumberbatch (Shere Khan), Naomie Harris (Nisha), Peter Mullan (Akela), Eddie Marsan (Vihaan).
Duración: 1h 44 min.

SINOPSIS


Un niño de pocos años es abandonado en la selva después de que su madre muriese a manos de un tigre de bengala. A partir de ahí es criado y aceptado por una familia de lobos que lo crían como si fuera uno de ellos, pero en esa misma selva está rodeado de enemigos que quieren acabar con él.
Fuente del vídeo: canal Youtube de Netflix

20 enero 2019

Surf sobre ruedas

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Fotografía sacada con un teléfono móvil Acer Liquid Z630

18 enero 2019

¿Qué he visto en Netflix? Narcos: México


Fuente: Netflix

OPINIÓN


Esta semana terminé de ver el estreno de la nueva temporada de Narcos: México en Netflix y tengo que decir que me gustó mucho, mejorando, en algunos aspectos, a su predecesora Narcos: Colombia.
Unos de esos aspectos importantes es que los actores principales son mexicanos y de procedencia mexicana y ese detalle le da un valor especial a esta nueva entrega de Narcos, dotándola de una personalidad propia y que la distingue respecto a las anteriores entregas de la serie. Este fue uno de los aspectos que se criticaron en Narcos: Colombia, que los actores principales no fueran colombianos.
Lo cierto es que la serie empieza con un ritmo pausado, pero este es un recurso que la dirección cinematográfica hace a posta, porque, a medida que avanza la serie, el ritmo va aumentando vertiginosamente a medida que va creciendo la trama, que se desarrolla junto con el protagonista principal, Miguel Ángel Félix Gallardo que interpreta el actor mexicano Diego Luna.
En definitiva, Narcos: México no tiene nada que envidiar a su predecesora y es una digna sucesora de esta serie tan impactante.

FICHA TÉCNICA

Producida: Gaumont Télévision y Netflix.
Dirigida: Alonso Ruizpalacios, Amat Escalante e Andi Baiz.
Guion: Carlo Bernard, Chris Brancato, Doug Miro, Clayton Trussell, Andrew Black, Ashley Lyle, Eric Newman, Bart Nickerson, Jessie Nickson-Lopez, Scott Teems.
Fecha: 2018.
Reparto: Diego Luna, Michael Peña, Tenoch Huerta, Joaquín Cosío, Alyssa Diaz, José María Yazpik, Matt Letscher .
Duración: diez capítulos de una hora de duración, aproximadamente.

SINOPSIS


Esta nueva entrega de Narcos nos relata como Miguel Ángel Félix Gallardo monta, casi de la nada, el cártel de Guadalajara, plantando y distribuyendo «mota», marihuana, y logra unir a todos los pequeños traficantes de la zona con un objetivo común, con la connivencia de la policía de mexicana.
Sin embargo, la DEA lo sigue de cerca y el agente Kiki Camarena, protagonizado por Michael Anthony Peña, hace todo lo posible para lograr acabar con el cártel de Guadalajara.
Fuente del vídeo: canal Youtube de Netflix.

17 enero 2019

Callejón


Fotografía sacada con un teléfono móvil Acer Liquid Z630
Casi siempre que veo un callejón me llama la atención, ya sea de día o de noche, porque tienen ese especial efecto que hace que me detenga a observarlos por un momento y eso es lo que hago.
Me gustan porque la luz se transforma al entrar en ellos, se entremezcla con la perspectiva, el efecto lumínico ya no es el mismo y aparecen luces y sombras que lo hacen diferente a medida que el día camina hacia su ocaso.
En esta ocasión la fotografía la tome casi anocheciendo, a eso de las 18.30 horas en el pueblo de Agüimes en Gran Canaria. A esa hora la luz se empezaba a escapar, comenzaba la iluminación artificial y la combinación de estas luces dio este resultado.

16 enero 2019

La visita


Fuente
No venías a verme desde hace mucho tiempo. Estás sentado, ahí, esperando a que te dé conversación, pero no puedo. Ni siquiera me llamaste. Tocaste en el portero automático. Soy yo. Pasaba por aquí. ¿Pasabas por aquí? Me detuve. No sabía qué hacer. Pensé por unos instantes, lo juro, en no dejarte subir. Decirte que no te conocía o que te habías equivocado. Sin embargo, cambié de opinión y presioné el botón blanco, bueno, casi amarillo, del telefonillo que abre la puerta del portal.
Recordé la última vez que te vi. Sí, ¿no lo recuerdas? Sí, hombre. Habíamos decidido robar en la joyería del centro comercial. Un millón de euros en joyas y relojes. Lo teníamos todo planeado. Visitar el centro comercial. Visitar la joyería. Decidir qué día dábamos el palo. Robar el coche y, a las tres de la madrugada, empotrarlo contra la puerta del centro comercial, recorrer los ciento cincuenta metros en línea recta, alcanzar los cincuenta kilómetros por hora y chocar contra la puerta de aluminio reforzado de la joyería. Nadie se lo esperaba.
Llegó el día. Robamos el coche. Un todo terreno de casi tres mil kilos al que le habíamos echado el ojo hacía unos días. Salimos en dirección al centro comercial. Conducías tú. Sí, tú. Eras el experto. Vimos el centro comercial al fondo de la avenida iluminada por las luces de la Navidad. Ibas despacio, hasta que tuviste a tiro la puerta del centro comercial. Aceleraste y pusiste el coche a ciento treinta kilómetros por hora. Vas demasiado rápido. Afloja un poco. No hiciste caso. Chocamos con la puerta y la reventamos, sí, pero tú saliste volando por el cristal del parabrisas. No te habías puesto el cinturón de seguridad. Un fallo de aficionado. Yo me quedé clavado en el sillón del acompañante con tres costillas rotas y un esguince cervical. Salí del coche. Estabas inconsciente. Respirabas con la boca llena de sangre y unos cuantos dientes en el suelo. Intenté despertarte. No pude. Llamé a emergencias y salí de allí.
Guardaste silencio porque no te acordabas de nada. Eso me dijeron. Era lo que tocaba. Pagaste el año y medio de cárcel. Ya lo sé. No sé qué piensas. ¿Quizás dar otro palo? No creo. No estás para eso, ni yo tampoco. Creo que te invitaré a comer, intentaremos hablar de los viejos tiempos, de los que te acuerdes porque el golpe te borró muchos recuerdos. Después te irás, arrastrando la pierna derecha, aquella que casi dejaste en el camino.
No sé cuándo volveré a verte, quizás en algunos meses o años, cuando vuelvas a recordar dónde vivo

15 enero 2019

¿Cuándo será?


Fotografía sacada con un teléfono móvil Acer Liquid Z630
Aquí estoy, a tres metros bajo tierra,
sin saber dónde,
miro a un lado y a otro y solo encuentro huesos.
¿Dónde están mis seres queridos?
Nadie me contesta.
Nunca los oigo.
Solo estoy con la oscuridad,
y con la fría humedad que ya forma parte de mis huesos.
Ni siquiera los gusanos, que hicieron su trabajo
hasta dejarme en los huesos, se quedaron.
Ahora, mis huesos, están teñidos de sangre y barro.
Quiero gritar, pero no puedo
mi boca está llena de tierra
y solo escupo rabia, oscuridad y soledad.
Puedo imaginar que lloro,
porque llorar no puedo;
tengo las cuencas de los ojos secas y llenas de tierra,
y mis lágrimas se convierten en polvo.
Pienso, pero mis pensamientos se me escapan,
por el agujero del tiro en la nuca,
aquel que me hizo el cobarde,
al que rogué para que me disparara en la frente clara,
pero él no pudo con su cobardía
y me arrancó la vida por la espalda.
¿Cuándo será la hora en que mis huesos vuelvan a ver la luz?
ya no a respirar,
ya no a pisar las aulas,
ya no a sentir la caricia de la mano amada,
ya no a oír el canto del pájaro,
ya no a sonreír,
ya no a amar,
ya no ver amanecer,
solo a ver la luz de la justicia.
¿Cuándo será?