20 abril 2018

Escultura de la fuente de Higía en Hamburgo

Esta escultura está en el Ayuntamiento de Hamburgo y forma parte de un conjunto de esculturas de una fuente en honor a la diosa Higía diosa griega de la salud y la limpieza.

This sculpture is in Hamburg City Hall and is part of a collection of sculptures from a fountain in honour of the goddess Goddess Hygiene Greek goddess of health and cleanliness.

19 abril 2018

El diario de Marta. 6 de enero de 1997

Nota del autor: este diario me lo encontré hace algunos años en una casa abandonada, debajo de un mueble viejo. Cuando comencé a leerlo estuve a punto de dejarlo a medias y tirarlo a la basura, porque me parecía insulso, pero a medida que avanzaba, supe que su lectura me marcaría para siempre. Me he tomado la licencia de llamarlo «El diario de Marta» porque en ninguna parte aparece el nombre de la autora. Me he decidido a publicarlo en Steemit para que quede constancia, para siempre, de lo que en él se relata. Iré subiendo todo el diario poco a poco, hasta llegar al último día del diario. No quiero adelantar nada; solo diré que la policía tiene copia. 
6 de enero de 1997
No sé qué escribir. Podría empezar con «Querido diario», pero eso es una tontería como una casa. Yo es que no me esperaba este regalo. Un diario. Lo único que sé es que me levanté antes del amanecer, cuando aún las luces de sol del este no entraban por mi ventana, mientras oía a mis padres trastear en el salón esmerándose en colocar los regalos. Sé que les hace mucha ilusión, aunque saben, desde hace muchos años, que yo sé que ellos son los Reyes Magos. Lo supe desde los diez años. Sin embargo, a ellos no les importa y cada año se preocupan y se ocupan de no decirme qué me van a regalar. Recuerdo que un día les dije que no se preocuparan tanto, que me dieran el dinero, que yo me compraba mis propios regalos. ¡Para qué fue aquello! 
«Los regalos de Reyes son sagrados» 
Me dijo mi madre con un gesto de enfado, acompañado de la mirada asesina de mi padre.
Lo cierto es que los Reyes siempre me han llenado de ilusión y, tengo que reconocerlo, me gusta no tener ni idea sobre qué me van a regalar mis padres porque sé que serán buenos regalos. Ser hija única tiene sus ventajas.
Sin embargo, no me esperaba este regalo. ¿Un diario? ¿Para qué quiero yo un diario? Cuando desgarré el papel de regalo y leí la palabra diario en  letras doradas tuve la tentación de tirárselo a la cara a mis padres. Me contuve, porque sabía que después de esta mierda de regalo, vendrían los buenos. 
Así fue, porque mis padres siempre tienen en cuenta mis deseos y me están preguntando cuatro meses antes que qué quiero para el día de Reyes. 
Ellos sabían cuál era el regalo estrella y me lo regalaron el día Reyes. Un teléfono móvil. 
El Ericsson GA628. 
¡Guauuu! Cuando le quité el papel y vi la foto del teléfono en la caja, no pude contener la alegría. ¡Un teléfono móvil! El corazón se me iba a salir por la boca. Me temblaban las manos y casi lloraba de la alegría. Ese era, sin duda, el mejor regalo que me habían hecho jamás. Cuando lo tuve en las manos no sabía qué hacer con él. Estuve como una tonta admirándolo, como si hubiera encontrado el Santo Grial o algo parecido. Mi padre me dijo que habían pedido uno de color rojo (el rojo es mi color preferido), pero a la compañía telefónica solo le quedaban en amarillo. Una mierda de color que no me gusta nada de nada, aunque eso se quedará en un segundo plano, porque seré de las pocas de mi instituto que tendrá un teléfono móvil. 
Mi padre me hizo un resumen, para tontos, de cómo usarlo y enseguida le cogí el tranquillo. Siempre he sido muy espabilada para esto de las nuevas tecnologías. Sé que serán el futuro.
Por ahora tengo a pocos a los que llamar. Solo tengo en la agenda el teléfono de casa, el de los abuelos y los de mis tíos. También tengo el de Magdalena que cuando la llamé, desde mi Ericsson, no podía creérselo. Incluso me dijo que me lo estaba inventando. Esta tarde pasaré por su casa para enseñarselo. Se morirá de envidia. 
Bueno, querido diario, esto es todo por hoy. Espero tener algo que contarte algún día de estos.

Fuente de la imagen: propia

18 abril 2018

Perdido

La noche volvió a caer como todas las noches de invierno, fría y solitaria. Se cansó de contar las farolas que iluminaban las ramblas de aquella ciudad sin nombre. Se hizo un bocadillo con un poco de pan, que rellenó con algo de embutido rancio que había encontrado en un contenedor de basura de un supermercado cercano. Sacó toda la documentación que tenía: el DNI y un viejo pasaporte caducado. Miró por última vez el aspecto que tuvo, ya ni se reconocía. Cogió unas hojas de periódicos viejos y les prendió fuego con su mechero. Cuando las llamas estaban en su punto más álgido, echó a la pira su DNI y pasaporte. Agarró su bocadillo y se lo fue comiendo, observando cómo se quemaba el único hilo que lo mantenía atado a un mundo que había perdido.

Fuente de la imagen: propia

17 abril 2018

Polifonía del amor

El amor tiene muchas vertientes y una de ellas es que puede ser compartida con mucha personas.
Love has many aspects and one of them is that it can be shared with many people.

16 abril 2018

15 abril 2018

Amor en Hamburgo


Parece el título de una novela de amor, pero me pregunto sí estos dos enamorados seguirán, al día de la fecha, juntos, espero que sí.

14 abril 2018

Alepo. Una mañana cualquiera

Hoy amaneció a las 5:36 y no me despertaron las explosiones. Alepo amanece en calma después de dos semanas de guerra fratricida. El alto al fuego se respeta.
Esta mañana bajé al vestíbulo del hotel, asustado. Tenía el corazón desbocado y me quedé paralizado en la puerta. Los otros médicos me esperaban en la tanqueta. Me miraban con expectación, pero sé que me comprendían porque saben que el miedo te paraliza.
En ese momento me pregunté por qué acepté ser voluntario y pasar quince días, de mis vacaciones, en esta ciudad en guerra, donde una bala perdida o un trozo de metralla me podría matar y no regresar jamás.
Sin embargo, no lo pensé y acepté este trabajo, porque sabía que este pueblo me necesitaba. Los médicos escasean; la mayoría han huido o están muertos. Fui el único traumatólogo que aceptó el puesto en esta ciudad devastada por la sinrazón. No me arrepiento.
Me ajusté el casco, el chaleco antibalas y me metí en el blindado. Al instante percibo el mismo olor que el primer día; a pólvora y a muerte.
Por una diminuta ventana intento ver el paisaje de una ciudad que, cinco años atrás, era hermosa, tranquila, llena de vida, patrimonio de la humanidad y que hoy está reducida a escombros.
A lo lejos vi La Ciudadela y rememoro la primera vez que visité Alepo. Recordé que se levantaba en una montaña de la ciudad siria y que parecía protegerla de todos los males. Desde que atravesé el Puente de los Ocho Arcos, me introduje en un viaje en el tiempo porque me trasladé al siglo XII, recorriendo sus impresionantes monumentos; restos de mezquitas y de palacios. Me detuve en un rincón a la sombra para escapar de la canícula avasalladora del verano, toqué sus muros para no olvidar aquel viaje y juré que volvería.
Limpié el cristal porque creí reconocer el Zoco, ese gran bazar cubierto, que olía a especias por todos los rincones y me perdí por sus callejuelas de otro tiempo a tomar té, junto con sus exquisitos dulces bañados en miel, a degustar su comida típica, pero que ahora es un fantasma de lo que era, después del incendio que lo destruyó casi por completo en esta maldita guerra.
Busqué la Gran Mezquita Omeya, pero no logré encontrarla. Cerré los ojos y la visualicé. Recordé su luminosidad, su silencio y sus innumerables arcos que parecían arroparnos. Después me dijeron que fue destruida casi por completo por las bombas.
Terminé el día sentado tomando un té y escuchando música frente a La Ciudadela cuando la noche caía sobre Alepo.
Volví a la realidad cuando un compañero me tocó el hombro. Me dijo que me alejara de la ventana y que me cuidara de los francotiradores.
Llegamos al hospital y comienzo mi jornada amputando piernas, reduciendo múltiples fracturas e intentando recordar a esta hermosa ciudad que ahora me necesita. He regresado a Alepo a intentar salvar vidas.
Fuente de la imagen: Pixabay