22 junio 2018

El apuntador



No había razones para seguir. Detuvo su carrera buscando un poco de resuello. Apoyó las manos en las rodillas y vio como se alejaba para siempre. Él sabía que ella no volvería a pasar por allí. Bueno, siendo realistas, si volvería a pasar, pero él sabía que lo haría de una forma diferente, porque ella cambiaba todos los días, nunca llegaba  igual; cada día de una forma distinta. Así era su forma de ser y así era su existencia. Cambiantes como las olas del mar.
Su corazón intentaba volver al reposo cotidiano. Después de unos minutos de descanso, sus pulsaciones volvieron al estado normal. Se detuvo a mirar los dígitos del cronómetro, que parpadeaban en la pantalla digital de su reloj, aquel que le había regalado su padre, para conocer la hora exacta en la que se había ido.  
No comprendía qué había pasado. Rebuscó dentro de su abigarrada mochila y, a tientas, encontró su pequeño bloc de notas, lo sacó, se sentó en el banco de la marquesina y apuntó la hora exacta: 8:14:30 Esta vez se había adelantado treinta segundos. Observó como la guagua se perdía entre la bruma de la mañana, pensando que las guaguas son unos máquinas muy impuntuales y que su tesis doctoral con el nombre provisional: 
La curva del tiempo y su influencia en la ruta de línea 343. Consecuencias estructurales en la productividad laboral.
Se estaba poniendo cada vez más interesante y que estaba llegando, sin lugar a ninguna duda, a demostrar la hipótesis planteada.

 Fuente de la imagen: Pixabay

21 junio 2018

Efectos digitales

No soy un experto en efectos digitales, pero de vez en cuando me gusta jugar y a veces salen cosas muy hermosas.
I'm not an expert in digital effects, but every now and then I like to play and sometimes beautiful things come out.

20 junio 2018

19 junio 2018

Una cuestión inesperada



Pascual se levantó temprano, como siempre. La rutina le había marcado el paso desde que tenía quince años, cuando comenzó a trabajar y no había dejado de hacerlo, incluso, después de su jubilación.  Se dirigió a la nevera con paso cansino, la abrió y comprobó  que no tenía nada; ni siquiera un bote de leche para hacerse el cortado de las mañanas. Se acercó a la cómoda, abrió el cajón y allí estaban los últimos treinta euros que tenía. Suficientes para hacer la compra de la semana, hasta que le ingresaran los novecientos euros de la pensión.  Cogió los treinta euros y pensó de qué le habían servido los más de cuarenta y cinco años de trabajo trabajando en la tabaquera. Solo para romperse el lomo. 
Se vistió con el chándal azul que siempre tenía más a mano. Lo más cómodo y práctico. Atrás habían quedado los días en los que le gustaba emperifollarse con alguno de los treinta y dos trajes que llegó a tener, pero cinco años antes de la jubilación comenzó a querer salir menos; perdió el gusto de sentirse un dandi y se sentía más que a gusto en su cueva, como él denominada a su casa.
Fue al supermercado caminando, que estaba a más de medio kilómetro de su casa y llenó una cesta con los productos principales, pan, leche, fruta, carne, algo de verdura y un poco de embutido. Salió con cinco bolsas dispuesto a regresar a su casa, pero se detuvo, un dolor intenso le bajó desde la cadera hasta el talón y le paralizó el pie derecho. La ciática estaba volviendo a hacer de las suyas. Soltó las bolsas en el suelo y se apoyó en un árbol cercano para coger un poco de respiro. Se metió la mano en el bolsillo y sacó los cinco céntimos que le había devuelto el cajero. Vio un taxi, levantó la mano como pudo, el taxista paró muy cerca suyo, se subió y con un quejido le indicó donde quería ir. 
Una mujer rubia observaba la escena desde la otra acera, cruzó y llegó al lugar donde estaba Pascual, miró a un lado y otro, mientras veía como Pascual se alejaba en el taxi. Cogió las cinco bolsas y se marchó calle abajo con la compra de la semana.
Por el camino, Pascual se percató de dos cosas: que había perdido la compra y que sería muy difícil explicarle al taxista que solo tenía cinco céntimos para pagarle la carrera.

Fuente de la imagen: Pixabay

18 junio 2018

Mi garrafa de agua de mar


Llevo desde el año 2013 bebiendo agua de mar de manera continua y esta es la playa donde la recojo, la playa del Burrero en Ingenio de Gran Canaria.
I have been drinking sea water continuously since 2013 and this is the beach where I pick it up, the beach of El Burrero in Ingenio de Gran Canaria.

17 junio 2018

You know better than anyone that you cheated on me


That day he got up earlier than usual, because an indescribable restlessness made him open his eyes like dishes at five o' clock in the morning and that was seasoned with that pressure in the mouth of his stomach that could be palpated with his hands. His wife slept beside him, so he got up slowly so as not to wake her. He dressed in the dark, went into the kitchen and had a quiet breakfast while listening to the news on national radio. When he finished, he went down to the garage, got in his car and went out into the street. Everything was different at that time. The city was transformed in the early morning, people were different, cars, lights, parks, even shadows were different and only cats remained unaltered, because they were the owners of the night.
In his work the day passed like every other day, but with the shadow of that restlessness that flooded his soul and that slab in the mouth of his stomach. But by mid-morning, he started feeling bad, talked to his boss and went home.
When he arrived, he didn't find his wife. He looked at his watch, it was 11:00 in the morning. He took her cell phone and called her:
"Off or out of range", "he said that impersonal and binary voice". 
"She will be with her friend Rita", she thought. He looked up Rita's phone number, called her and she answered it:
 "No, she's not with me, Sabino, but the curious thing is that I can't find Andres either. I've been trying to reach him for three hours and there's no way. You know, I just met him to help measure the windows to make curtains for our new floor. Could you give me a hand? Sure, if you have nothing better to do."
 "Well, if we don't have to make a lot of efforts. I just don't feel so good."
 "Okay, I'll pick you up in five minutes. I send you a message with WhatsApp, and you get off.
After six minutes, he got the message and came down. On the way to Rita and Andres' flat, they were talking about how their lives were going. Sabino asked her that when they were planning to get married. She replied that, for now, they had to furnish the flat and that they didn't have a wedding date.
When they arrived, they went up to the ninth floor. Rita took out the keys. She was surprised I didn't have all the laps. As they entered, they heard moans and screams from the bedroom. She came in and asked who was there, followed by Sabino. They went up to the master chamber. There they met Sabino's wife, sitting on top of Andrew. Sabino looked at his wife in disgust. Without saying anything, he turned around and left. From the doorway, he heard Rita's screams that she used her entire slum-bass dictionary to insult her future husband. He also heard how his name was lost in the echo of those empty rooms:
"Sabino, Sabino, Sabino..."
 He didn't wait for the elevator. He went down the stairs looking for an explanation of what he had seen, but did not find it. 
"His wife with Andrew."
He couldn't believe it. Now he understood many things, just now. He remembered that day, when she introduced him to an old friend, Andrew and his beautiful new girlfriend, Rita. Those looks, those rubs, those words. Everything fit together, piece by piece, like the most perfect of puzzles.

Image source: Pixabay

16 junio 2018

El lenguaje escrito y el lenguaje hablado


Me pareció curioso el nombre de esta calle, con las dos formas de que estaba escrita, una como se escribe y la otra como la pronunciamos los canarios y los hispanoamericanos.