22 septiembre 2018

Siempre hay un hueco

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Siempre hay un hueco por el que sacar una fotografía.
There's always a hole to take a picture through.

21 septiembre 2018

Adaptación

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Tenemos que aprender de la naturaleza y adaptarnos al medio porque así, por lo menos, seremos más felices.
We have to learn from nature and adapt to the environment because that way, at least, we will be happier.

Cómo escribir un microrrelato



Escribir microrrelatos no es una tarea fácil; requiere de cierta habilidad y esfuerzo. No es sentarse delante del ordenador y comenzar a escribir lo primero que nos viene a la cabeza. El microrrelato tiene su propia estructura narrativa, tan particular que podemos perdernos a las primeras de cambio y alejarnos de nuestro principal objetivo. 

Esa estructura narrativa se lleva a la mínima expresión, en la que lo importante no está en el desarrollo, sino en el planteamiento y, por su puesto, en el desenlace. 

Esta estructura nos invita a jugar con la palabra y con el lector porque un lector que se acerca a un microrrelato viene buscando algo diferente, un planteamiento curioso y un desenlace que lo deje con la boca abierta.

Por estas razones no es fácil escribir microrrelatos porque tenemos que utilizar pocos mimbres para que la historia que queremos contar vea la luz y hacerlo lo mejor posible.

No podemos olvidar que el microrrelato es una forma de contar una historia de la manera más breve posible, sin enredarnos con giros inexplicables y multitud de personajes. No, el microrrelato necesita beber de la palabra, de la brevedad, del detalle, de la imaginación, la intuición, de la complicidad con el lector y de la precisión. 

Estas son las razones por las que escribir un microrrelato no es una tarea fácil porque tenemos que tener en cuenta muchos aspectos y, sobre todo, tenemos poco espacio para contar nuestra historia y un espacio determinado siempre es limitante.

En mi caso particular, cuando me pongo a escribir un microrrelato, tengo que tener en la cabeza lo que quiero escribir; sé perfectamente lo que quiero contar. Sin embargo, esto es solo el principio, luego me pongo a escribir y lo hago teniendo en cuenta lo antes dicho. Luego, una vez he terminado mi primera versión, me pregunto si en el texto escrito está lo que quiero contar. Si la respuesta es sí, entonces comienzo a recortar todo lo posible el texto, reducirlo lo máximo posible, dejando solo, negro sobre blanco, lo que importa, que no es otra cosa que la historia que quiero contar.

Ya saben lo que decía Baltasar Gracián: «Lo breve, si bueno, dos veces bueno» y que con gran sabiduría también añadía: «Y aun lo malo, si poco, no tan malo»

Por todo lo dicho, no hay que olvidar esa estructura particular del microrrelato, en la que la brevedad es su columna vertebral y donde un planteamiento creativo y un desenlace sorprendente tienen un protagonismo superlativo.

Un ejemplo de esto que digo es el microrrelato Realidad de Eva Manzanares que fue finalista de la IV Edición del Concurso Internacional de Microrrelatos «Museo de la Palabra»

Porque no podemos olvidar que, cuando nos sentamos a escribir un microrrelato, tenemos que ser directos y precisos, dejando solo en nuestro texto lo que queremos contar, sin perder nunca de vista que tenemos que relatar una historia de la mejor manera posible y que esa historia deje al lector con un regusto de satisfacción. 

Si lo logramos, habremos hecho un buen trabajo, si no, tendremos que seguir escribiendo y leyendo para llegar a alcanzar nuestro objetivo, pero esa no es una tarea fácil.


Fuente de la imagen: Pixabay.

20 septiembre 2018

Potaje de egos

Hoy me levanté con mucha hambre y solo tenía potaje de egos.
Fuente de las imágenes: Pixabay y @talentclub

19 septiembre 2018

17 septiembre 2018

Summer time

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Hat, flip-flops, sun, sea, sand and good company.
Photograph taken with Acer Liquid Z630

15 septiembre 2018

Amor fraterno

Sofía Strantur estaba tumbada sobre un prado, dejándose llevar por la imaginación. De su caseta de campaña salía el murmullo de su canción, que se repetía, una y otra vez porque no se cansaba de escucharla.
You're in my head. You always have been since the moment you left.
You're in my head and I can never forget you.
Observaba como las estrellas iban conquistando el universo mientras la noche extendía su manto diario. Ella hacía remolinos con un ramillete de su pelo, sin perder de vista las estelas de las estrellas fugaces, que atravesaban la vía láctea y que desaparecían en un instante. Entonces cerraba los ojos y pedía un deseo. Siempre el mismo porque todavía no se había cumplido y, por supuesto, no esperaba que se cumpliese. Borrar un pecado con un deseo, no es una tarea fácil y menos uno como el que ella cometió. Un pecado para el resto de mundo, pero no para ella. Amar nunca es un pecado.
¿Se podría tocar el cielo con la punta de los dedos? Sí, sí se puede. Ella estuvo a unos milímetros de tocarlo. Sin embargo, tuvo que renunciar al cielo y al amor y se fue para jamás volver porque no está bien visto que te enamores de tu hermana; la misma sangre no es compatible con el amor; eso decían ellos y están equivocados.
Fuente de las imágenes: Pixabay y @talentclub